Los nanosegundos

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Todos los acontecimientos pasan tan rápido que no nos da tiempo ni siquiera a sufrir por ellos, ni siquiera a que nuestra mirada se detenga y menos a pensarlos. El mundo de la imagen es lo que trae consigo, la incapacidad de retenerlas y menos de transformarlas en palabras. 
Una película a ritmo vertiginoso nos arrebata la humanidad que hay en los sucesos, lo que de semejante hay en ellos. Nos parece que todo puede pasar rápido y escapársenos porque siempre estará en internet retenido, frío, congelado para regurgitarlo. 
Es como si ya no necesitásemos la lentitud del cocinar, porque toda comida está ya precocinada y puesta en el congelador para disponer de ella toda la semana, si solo se trata de comer, no de distinguir sabores y menos de compartir. 
Lo mismo le pasa a la política, que envejece y muere cada día, generando decenas de noticias y opiniones que llegan a distraernos y a cansarnos. Y es que de eso se trata, de generar mil distracciones para que no se distinga ya lo importante. Para que el otro y yo seamos lo mismo, así de vulgares.

Los nanosegundos