LOS MÁS BURROS DE ENTRE LOS LISTOS

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Cada vez que se quiere arremeter contra la política educativa del Gobierno, contra los recortes o contra el paro, se recurre a la muletilla de que se está condenando a la generación de españoles mejor preparada. Quienes esto aseguran se basan en que son demasiados los titulados superiores, poseedores de masters y magníficos currículos académicos, que no consiguen encontrar un trabajo y hasta tienen que emigrar para buscarse la vida.
Sistemáticamente, la OCDE, año tras año, se empeña en desmontar esta falacia al situar a España y los españoles en los últimos puestos de las países desarrollados en cuento a conocimientos. Y, por supuesto, 2013 no es diferente. La brecha sigue abierta hasta el nivel de que un estudiante de bachiller de Japón o de Noruega tiene mejor nivel que un titulado superior de este país.
La crítica que llega desde Bruselas no puede ser más dura y sincera, pues se asegura que “cuando tus resultados son tan malos, algo se ha hecho mal”. Y se apunta a la necesidad de basar el crecimiento en los conocimientos y no en el ladrillo, como hasta ahora.
Los estudiantes españoles son, junto con los italianos, los peores alumnos y, por si esto no fuera suficiente, la mayoría de los adultos no entiende el gráfico del recibo de la luz o textos como El Quijote.
Además, el informe Pisa desnuda nuestras vergüenzas. Nos gusta presumir de ser grandes lectores y cuando se hace una encuesta, hasta el 92% de los españoles se confiesan lectores. Evidentemente, hay una trampa, el panorama cambia cuando se tiene en cuenta que esta lectura es de un único libro al año.
Solo así se entiende que las cifras de ventas de volúmenes, incluso de periódicos, sigan cayendo año tras año en un pozo del que, desde luego, no se conoce el fondo.
Nos rasgamos las vestiduras al ver como determinados programas se convierten en la estrella de una parrilla televisiva que no dudamos en calificar de mediocre y, sin embargo, solo el 21% de los españoles confiesa que todos los días deja algo de tiempo (15 minutos) a la lectura, muy lejos de esos 46 minutos que el 68% de los finlandeses dedican a esa tarea. Eso sí, cada día gastamos dos horas y 18 minutos de nuestras vidas frente al televisor.
Nos cuesta un mundo reconocer que somos los más burros de los más listos, porque, en el fondo, nos salva haber caído en esto que llaman primer mundo y, para consuelo de algunos, todavía hay estados con peores índices, aunque para encontrar a quienes nos siguen haya que buscar entre el furgón de cola del subdesarrollo. Y lo peor es que parece que nos da igual.

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