EL ORGULLO DE ESPERANZA AGUIRRE

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Soy de los convencidos de que el incidente protagonizado por la presidenta del PP madrileño, Esperanza Aguirre, se ha sacado de madre. Sobre cualquier suceso, por muy insignificante que sea, se puede escribir hasta un libro. Es cuestión de echarle ganas, de tener tiempo y, sobre todo, el argumento y talento necesarios para que la historia tenga morbo. Pero un aparcamiento indebido en un carril bus donde la polémica Esperanza Aguirre y unos agentes de movilidad acaparen toda la atención de un país plantea numerosos interrogantes y para quien esto escribe una conclusión: nos aburrimos mucho.
A Esperanza Aguirre se la puede querer. O se la puede aborrecer. Se le pueden tirar flores. O besos. Pero lo que sí es cierto es que a nadie deja indiferente. Es un animal político de la cabeza a los pies. La mires por donde la mires. De proa. De popa. A babor. A estribor. Siempre acabará llamándote la atención. Después de lo que ha ocurrido en Madrid, donde tuvo la osadía (¿quién no lo hace?) de pararse en zona prohibida para sacar dinero de un cajero, se ha comprobado cómo despierta pasiones. Unos la machacaron públicamente. Otros la han defendido, posiblemente, los menos.
Ella solita, a pesar de que ha pedido perdón, se metió en un jardín donde incluso sus compañeros “peperos” le dieron la espalda. No pretendo hablar de política y menos de políticos. Me aburren soberanamente. No los soporto. Pero los políticos están para dar ejemplo. Y más en un país tan bananero como en el que estamos y en el que la justicia, sobran ejemplos, no es igual para todos
Sin embargo, considero que Aguirre ha mostrado ante los agentes su verdadero yo. El de una elitista soberbia y arrogante con los que ella considera inferiores. Sin lugar a dudas, en un país normal habría acabado la fiesta en comisaría, igual que cualquier otro españolito que hubiese protagonizado un episodio de fuga con semejantes ingredientes. Pese a todo, la protagonista de esta esperpéntica historia no tiene un buen cartel entre los españoles de a pie debido a la política de partido que ahora defiende lo que antes criticaba sin olvidar que también existen los que antaño defendían todo y ahora, lógico, lo ven de otro color. Y todo con la insolencia de quien pretende convencer a los ciudadanos de que no hay contradicción alguna, ni en sus palabras ni en sus actos. ¡Que se jodan!, que diría Andrea Fabra. Así nos va.

EL ORGULLO DE ESPERANZA AGUIRRE