Urkullu crea un monstruo

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A Urkullu se le ha ocurrido la feliz idea de que los ciudadanos vascos adopten el papel de “agentes concienciadores” con aquellos que incumplan las medidas sanitarias impuestas para tratar de evitar la propagación del coronavirus. Claramente, no sabe dónde se está metiendo. Y no porque no corresponda a los vecinos hacer de policías, que también, sino porque a la mínima que se sientan legitimados van a acabar montando una inquisición con escarnio público y todo. Pocas cosas hay que le gusten más a la gente –a cierta gente– que sentirse poderosa y superior a otros. Lo de los policías de balcón que increpaban al que veían por la calle es un juego de niños. Ahora tienen permiso para atacar al que no lleve mascarilla, tenga o no justificación, dispersar al que camine cerca de otro por la acera o acorralar al que saque un cigarrillo antes de que decida qué hacer con él. De esto a los tumultos, un paso.  

Urkullu crea un monstruo