EL ÉXITO Y SUS VARIABLES

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El sentido y por qué del éxito en música y sus variables bien podría ser el título de una tesis doctoral, una de esas diseñadas y pensadas en momentos de asueto profesional entre los docentes de música que, perdidos o hastiados con lo que los medios públicos ofrecen, ven como un fin en sí mismo este tipo de actuaciones en el campo de la investigación musicológica, mermando, a veces, sus fuerzas, que bien podrían ser empeñadas en fines más loables. Dudoso interés el obtenido con el fruto de algunas de estas investigaciones.
En estos turbios momentos pedagógicos, en los que el juego se reparte más entre titulitis y papelería de gramaje fino que entre libros, no atisbamos a vislumbrar lo grueso de lo delgado, ni la calidad de la cantidad, haciéndose notar más la maña que la fuerza y el movimiento que los pasos. Nos preguntamos si la clave del éxito que rodea a las actuaciones musicales se debe a parámetros netamente físicos, o influyen otros factores también de primer orden.
Concierto de abono número quince de la OSG: “En saga”, de Sibelius, “Concierto para piano nº 2”, de Beethoven y “Sinfonía nº 6” de Tchaikovsky. Nada fuera de lo común en la exposición de la obra de Sibelius, que funcionó bien, a no ser la propia exégesis de su temática. Sonó inmensa, bien dicha y con una clara exposición de planos sonoros.
El concierto de Beethoven, a cargo de Yafim Bronfman, fue uno de los momentos loables del concierto. Este pianista, exhibiendo dotes y conocimientos de alto rango, firmó una versión inefable de la partitura, en la que el espíritu beethoveniano brilló por dos razones: conocimiento y profesionalidad. Pianista de grandísimas capacidades, confirió el carácter clásico que el concierto requiere, manteniéndose en un margen de comedida expresividad, acorde plenamente al momento compositivo de la obra. El “Estudio Nº 8 Op 10” de Chopin, fuera de programa, sorprendió todavía más. Por expresividad, enfoque interpretativo y por el control del peso de ambas manos, que parecían etéreas, la versión de Bronfman maravilló a todos.
Y por fin Tchaikovsky, o la obra preferida por el público. Al margen de los talentos confluyentes en escena, esta sinfonía reúne los elementos necesarios para obtener, de motu propio, un gran éxito, y esta es la última y más importante clave para lograrlo. Se trata, lógicamente, de la calidad compositiva de las obras a interpretar, que juega siempre un papel a favor de los intérpretes.
No es posible obtener el éxito del pasado viernes sin la ayuda del propio Tchaikovsky, que sigue regalándonos su inspiración a través de sus geniales notas, una detrás de la otra.
 

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