La cordura

|

“Amanece Dios y medraremos”, decía Sancho en su regreso de Barcelona, con su amo ya cuerdo convertido en Alonso Quijano. No otra cosa es lo que queremos los que asistimos al desatino catalán-español, que por las dos partes los hay. 
Pero sospechamos que ni al Quijote de aquí se le acabó la locura, ni al Sancho de allá los refranes, visto lo visto, escuchado lo escuchado. Sancho se ha metido en un lío en su ínsula y Don Quijote en su cobardía no atajando los problemas cuando tenía que hacerlo, sobre todo porque tenía que hacerlo con la política y no con la amenaza. 
Debería nuestro gallego ir a la playa de la Barceloneta a observar su mar, “lejos de sus paisajes y sus ensoñaciones”. En Barcelona se imprimió la versión completa del Quijote por primera vez. Los dos siguen viendo gigantes donde solo hay molinos; lo peor es que se pierdan el respeto y uno trate de solucionarlo con chulería y otro con su huida hacia delante. 
Barcelona es la única ciudad real que aparece en el Quijote. ¿Será ese un mensaje de Cervantes para que nuestro caballero recupere la cordura?

La cordura