LAS COSAS HAN CAMBIADO

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Llegó a mi ordenador una presentación titulada “Las cosas han cambiado” en la que un adolescente pregunta a su abuelo: “¿Abuelo, cuántos años tienes?”. “Te lo voy a contar”, le responde el antecesor, pero en lugar de darle la cifra de su edad biológica se lo contó con un relato pormenorizado del contexto económico y social en los que había transcurrido su infancia, que en la presentación se ilustra con imágenes en blanco y negro relativas a cada una de las secuencias.
“Yo nací, decía el abuelo, cuando nadie tenía un aparato de televisión; tampoco había calefacción central, ni neveras, lavadoras o lavavajillas, ni siquiera había electricidad en todas las casas. Casi nadie tenía una cuenta corriente en el banco. No conocíamos los hipermercados, el panadero repartía el pan por las casas, el lechero repartía la leche, las patatas las comprábamos directamente al campesino, ayudábamos a matar el cerdo. No había discotecas, teléfonos móviles, cámaras digitales, ni teníamos CD o DVD. Íbamos solos al cole. No existían guarderías ni el transporte y comedores escolares y la sanidad ni era universal ni gratuita. No salía agua caliente de los grifos, una tina era nuestra bañera. Y algo muy importante: no teníamos la libertad que da la democracia...  ¿Cuántos años crees que tengo? ¡Te parecerá increíble! ¡Aún no he cumplido los 65 años!”  
Seguro que a mucha gente no le parece tan increíble porque, como el abuelo, conocieron y “padecieron” la miseria de aquella España y de aquella Galicia y con él pelearon por el desarrollo para alcanzar un razonable estado de bienestar que propició el acceso a bienes y servicios que hacían más confortable la existencia.
Pero llegó la crisis y con ella se está evaporando el progreso alcanzado. El paro, la devaluación de salarios, de pensiones y de servicios, como la sanidad o la educación, no solo erosionan el “conquistado” estado de bienestar sino que sumen en la pobreza a millones de personas y familias que nada tuvieron que ver en la generación de la crisis. Hasta la democracia y sus instituciones acusan un gran deterioro.
Pese al optimismo oficial, regresamos a una época parecida a la infancia del abuelo del cuento. Con una matización: el camino de ida se hizo a lo largo de décadas y costó mucho, mientras que el de vuelta, el regreso a muchas carencias básicas, solo necesitó los seis años de la crisis. Indudablemente, las cosas están cambiado.

LAS COSAS HAN CAMBIADO