GOLPE QUE TE LLEVAS

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La sabiduría popular acuñó el dicho “ojos que no ven, corazón que no siente” al que todos nos hemos agarrado en algunas ocasiones, y del que don Ciprián de Penalva, que era un campesino leído, tenía su peculiar versión tan sabia como la tradicional: “ojos que no ven, golpe que te llevas”. Y mira por donde, el último percance sufrido por el Rey en tierras africanas viene a darle la razón.

Primero, porque sus ojos no estuvieron bien abiertos supuestamente bajando unas escaleras, y “ojos que no ven, golpe que te llevas”. El Monarca se pegó un batacazo que necesitó cirugía mayor reparadora. En segundo lugar, sus ojos de Jefe de Estado, tan perspicaces en otras ocasiones, esta vez tampoco supieron ver la inoportunidad que entrañaba semejante viaje al exterior para cazar elefantes en una semana en la que la prima de riesgo –el sobre precio que hemos de pagar por nuestra deuda– empujaba a España hacia el abismo, la bolsa se hundía, Argentina amenazaba con la nacionalización de Repsol que acabó consumando, el Gobierno seguía dando la imagen de que solo sabe hacer recortes y la moral de la gente se desmoronaba en todos los sentidos, incluida la autoestima.

Este viaje del Rey, imprudente y poco ejemplar, no debería empañar su excelente hoja de servicios prestados al país, sobre todo después de las disculpas

 

A estas alturas, cuando se conocen más datos del viaje y la cacería, se desprende como primera consecuencia el deterioro de la imagen de la monarquía que encarna y representa el Rey. La opinión pública y publicada no entendía su “escapada” para divertirse con millonarios ociosos practicando una actividad que, además de frívola, provoca rechazo en amplios sectores de la población. Más grave aún es la decepción que este episodio real causó en mucha gente que consideraban a la Monarquía y al Rey como el último bastión que les quedaba frente a la clase política, enredada en sus trifulcas y crispaciones, que es poco creíble y no goza de la confianza de la ciudadanía.

Por eso el golpe físico, con ser importante y doloroso, seguramente no fue lo más preocupante para el Monarca, sino el golpe moral que le causó haber decepcionado a su pueblo. Así lo ha reconocido en un lacónico comunicado pidiendo disculpas, un gesto sin precedentes que atestigua que está moralmente herido y de consideración.

Ojala que este borrón –que se le escapa al mejor escribano– sirva para que la gente olvide un viaje imprudente y poco ejemplar y siga recordando su excelente hoja de servicios al país con la que se ganó el aprecio y la consideración de los ciudadanos. Por el bien de todos, porque lo que menos necesitamos ahora es una crisis institucional.

GOLPE QUE TE LLEVAS