Las consecuencias del fracaso

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ESTA vez no hubo que esperar hasta el minuto noventa para que perdiera el Deportivo. Esta vez tampoco se puede echar la culpa al árbitro, Munuera Montero, malo malísimo, pese a que solo tomó una decisión acertada en todo el partido: expulsar a Albentosa. Bueno, no; acertó en otras cuatro: dar validez a los goles del Leganés. Y es que perder por 4-0 ante un equipo que llevaba tres meses sin ganar y que solo había logrado una victoria en casa, lo dice todo. Con todo, lo peor no es eso, sino que la caída en picado de los blanquiazules parece no tener fin. Lux había asegurado el domingo pasado que el equipo no hacía el ridículo en ningún campo, pero que le faltaban cosas. Ayer, efectivamente, le faltaron cosas –todas las cosas imaginables y algunas más– y si no hizo el ridículo, poco le faltó. El tiempo de encogerse de hombros ya pasó; ahora empieza el de tomar decisiones y, por favor, que sean más atinadas que las del colegiado, porque en caso contrario el futuro aún será más negro de lo que es en estos momentos.

Las consecuencias del fracaso