Globalización y solidaridad

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La globalización, con independencia de sus ventajas, comporta ineludibles obligaciones para hacer frente a las necesidades más urgentes y perentorias que sufre la humanidad, por los conflictos bélicos, étnicos, raciales y religiosos; las desgracias y las calamidades naturales y las pandemias, cuyo riesgo de propagación y contagio aumenta con la libertad de movimiento y comunicaciones y la mayor interdependencia de los países y naciones.
Las naciones más pujantes y avanzadas económicamente deben, por solidaridad internacional, prestar ayuda humanitaria a poblaciones indefensas que se ven forzadas a desplazamientos y éxodos masivos, de los que sus primeras víctimas son los seres más débiles e inocentes de la humanidad.
Las desgracias naturales, las guerras y las injusticias humanas nos ofrecen a diario escenas tan dramáticas y crueles que es imposible que no despierten una especial responsabilidad para combatir y evitar sus causas.
Con la globalización, la humanidad conoce en tiempo real y simultáneamente, cualquier suceso que se produzca en el mundo, por lo que no puede rehusarse la ayuda humanitaria, alegando ignorancia o desconocimiento.
Permanecer inactivos e impasibles ante tanto dolor humano, cruel e injusto, es incurrir en complicidad o encubrimiento, ambos igualmente perversos y condenables.
La solidaridad, en todo caso, debe ser proporcional a la situación del que la presta y al grado de necesidad del que la recibe.
Los países ricos, personas o instituciones que pudiendo no son solidarios, corren el riesgo de verse arrolladas por la fuerza de la necesidad desatada o por el odio que la injusticia provoca.
Quien pudiendo dar más, da menos, se queda con una parte que moralmente no le pertenece.
La solidaridad no es altruismo, ni generosidad; tampoco filantropía o caridad.
La solidaridad se basa en el reconocimiento y respeto de la dignidad humana. Es un acto de justicia social o, por lo menos, de justicia distributiva.
No es una dádiva ni una limosna. Es una exigencia ética de ayuda a los más necesitados. Es, más que una obra de misericordia, un deber social de inexcusable cumplimiento.

Globalización y solidaridad