DIÁLOGOS

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Conforme pasa el tiempo uno se disloca físicamente. Aunque el cerebro –nunca muy avispado– mantenga sus constantes habituales y compruebe como las ideas fluyen y las palabras se enhebran. Así mi inteligencia alcanza nivel mediano, oriento regular las cosas y las gloso. Aspiraciones que cimbrean en la loca actualidad vivida. Escribimos para empedrar caminos del alma. En ocasiones las encontramos, otras no. Aguardan al doblar la esquina por si pudieran interesar a alguno. Cuando tal objetivo se conquista nos sentimos apeados del burro camino de Damasco y la empalizada de Dios nos detuviera. “He leído su columna y bla, bla, bla…” Peroratas para criticarnos o parloteo de palomas que sabe a vino y rosas. “Mi familia y yo, en los días que corren, le damos gracias por sus comentarios”. “A ver si tomamos juntos un café y charlamos”.

Observar discurrir al revés la corriente del río. Hacia arriba. Guardando en el bolsillo las coplas del famoso Jorgito (nada que identificar con el mandanga Oriol Pujol de la Generalitat). Voy al manantial mientras peregrino callado. Intento servir amparado por Molière y su estandarte. Amigo de todos. Necesito este diálogo. Que me lean y discutan, me critiquen y juzguen, me admitan o nieguen. Soy un pobre diablo sentimental que camino por un bosque enmarañado sin comprender nada.

Ni siquiera las últimas advertencias femeninas relacionadas con el tejado de cristal de una novela mía publicada hace años. Es una radiografía auténtica. Muy fácil de comprender cuando te afanas por acertar en integridad, lealtad y justicia. Detrás de todas las teorías habidas y por haber, oculta por cualquier elaboración doctrinal, siempre aparece el hombre como medida de todas las cosas…

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