TRES ESTILOS DIFERENTES

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Hace algún tiempo, en un reality de la telebasura nacional, una de las participantes afirmaba que se acordaba de lo que había hecho en todos y cada uno de los días de su vida. Por más que fuese una afirmación sorprendente, no dejaba de parecer sacada de un libro de literatura fantástica. Yo, más bien corto en mis múltiples limitaciones, sólo puedo afirmar con cierta dosis de exquisito placer, que mis primeros recuerdos fueron en música. Ya ha llovido pero, siempre que las musas revolotean en el ambiente, alguna de entre las músicas destaca de las demás. Por estética, por bagaje cultural o por información previa, nos inclinamos especialmente ante una partitura. En el concierto de abono nº 9 la OSG interpretó tres obras estilística y conceptualmente diferentes. “Isola”, de Fagerlund, es una obra que, al igual que la Isla de Själö, tiene un carácter frío y desolador. Grandes dosis de notas tenidas con apuntes rítmico-armónicos y una inacabable progresión melódica tratada cromática y diatónicamente son buena parte de lo que el autor desarrolla en su partitura hasta conseguir ese efecto distante y exclusivo que torna la obra de interesante a plúmbea en su evolución.
La “Sinfonía no 1” de Nielsen es una obra joven en la que los rasgos fundamentales son su fuerte y característica personalidad musical, amén de una extraña y a menudo complicada evolución melódica. La mano ciertamente militar de Robert Spano pareció la indicada para exponer la Sinfonía del compositor de Jutlandia.  Y nuestra preferencia de la noche: el “Concierto para violín no 4” de Mozart por Ray Chen. La capacidad técnica del violinista fue abrumadora y, a pesar de no parecer requerir Mozart de tales dinamismos en los ataques, se impuso el gran talento de Chen. El “Lord Newsland 1702” sonó con una proyección que parecía salirse del escenario, a pesar de la acústica de Palacio. De bis el Capricho no 21 de Paganini. Lo mejor el Amoroso, con ejecución de sextas en 3ª y 4ª cuerdas inapelable.

TRES ESTILOS DIFERENTES