Suspenso general

|

Para evaluar resultados del aprendizaje o rendimiento educativo nuestro sistema no cuenta con métricas propias que sean no sólo muestrales, de alcance nacional y externas a las Administraciones que las aplican, como mejor hubiera sido. En consecuencia, ello limita casi en exclusiva a las evaluaciones internacionales lo que se pueda decir al respecto.

Llamadas estaban a cubrir buena parte de dicho objetivo las llamadas reválidas establecidas en la ley Wert. Pero la incomprensible ofensiva política, mediática y corporativa desatada contra ellas –fuego amigo y enemigo- terminó pronto si no con su existencia sí con su efectividad. La ley Celaá acabará formalmente con las mismas. Y así, como decimos, no nos quedan más que las pruebas internacionales.

Las dos más tempranas –luego vendrá PISA- son las que lleva a cabo la organización independiente y sin  ánimo de lucro IEA (Asociación internacional para la evaluación del rendimiento educativo)  que en 64 países miden  los resultados educativos de los estudiantes de 4º de Primaria en competencia lectora (PIRLS) y en Ciencias y Matemáticas (TIMMS).  

Los resultados correspondientes a estas dos últimas disciplinas  son los que acaban de hacerse públicos y de los que nuestro sistema educativo no sale precisamente bien parado. En esta medición de 2019 nuestros estudiantes están en Matemáticas a igual nivel que cuatro años atrás. Y en Ciencias, aunque la bajada es pequeña –siete puntos- sí se puede considerar estadísticamente significativa.

En la segunda están 15 puntos por debajo de la media de la OCDE y 25 también por debajo en la primera.  Y como cada curso académico equivale a aproximadamente 40 puntos, bien puede decirse que nuestros muchachos se encuentran medio curso académico por detrás de tales medias y sin grandes avances desde hace años, cuando no con retrocesos.

La gravedad del problema se acrecienta si tenemos en cuenta que contamos con muy pocos estudiantes en niveles avanzados (4 por ciento en Matemáticas y 3 por ciento en Ciencias) y muchos en niveles bajos (91 Y 71 por ciento, respectivamente). Así, mientras que han aumentado quienes ocupan posiciones en el pelotón de cola, los excelentes van siendo cada vez menos.

Tremendo panorama el que tenemos por delante, que con la entrada en vigor de la llamada “ley Celaá” no es que vaya a mejorar, sino en todo caso a empeorar, habida cuenta de la bajada de exigencias que para los alumnos y, en general, para el sistema educativo preceptúa. Igualitarismo, perop por abajo, que es lo que se lleva.

El título de Bachillerato, por ejemplo, podrá darse por primera vez con un suspenso y el de ESO se podrá obtener a través de unas “actividades personalizadas extraordinarias”. En esta etapa, además, se podrá pasar de curso “sin límite de materias pendientes”.

Según palabras de la ministro el objetivo es llevar a una mayor proporción de alumnos a que titulen. Que sepan o no,  parece no ser tan prioritario.

Suspenso general