La Patronal gallega

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Conté hace unos años que entre Benavente y Zamora el viajero deja a uno y otro lado de la A-66 a Peleas de Arriba y Peleas de Abajo que, pese a sus nombres, son dos poblaciones apacibles habitadas por almas recias de carácter, como muchas otras de la vieja Castilla.

Pero el topónimo de estos dos pueblos refleja lo que ocurre en Galicia que, desde tiempos inmemoriales, es como un gran Campo de Agramante en el que se vienen librando duelos a plena luz del día entre Peleas del Norte y Peleas del Sur, entiéndase entre A Coruña y el eje Pontevedra-Vigo -con Lugo y Ourense como testigos-, unas veces por la capitalidad, otras por las universidades, las orquestas sinfónicas, los aeropuertos, las Cajas…

Desde hace más de un lustro las peleas en Galicia las protagoniza la Confederación de Empresarios de Galicia (CEG) cuyos dirigentes “de arriba y de abajo” maniobran permanentemente para mantener el control de esta organización que tienen bloqueada. Un espectáculo bochornoso.  

Siempre expresé respeto, admiración y agradecimiento a los empresarios que arriesgan su dinero, entregan su creatividad y su tiempo, producen bienes y prestan servicios que satisfacen necesidades de la gente, crean empleos que mantienen a muchas familias y generan riqueza para la sociedad. ¿Qué pensarán estos emprendedores de su “patronal” que debería representar y defender sus intereses y lleva años instalada en una guerra repugnante?

Voces internas hablan de “comportamientos caciquiles, de liortas vengadoras, de dirigentes dedicados a enfangar a los que les importan más las ambiciones personales y locales que el servicio al empresariado…”. Desde fuera se piensa que una organización que es incapaz de gobernarse a sí misma está inhabilitada para sentarse en las mesas de dialogo social. Lamentable en esta hora de España cuando hay que negociar los proyectos gallegos que optan a los fondos para la reconstrucción económica.  

El problema está diagnosticado y solo falta que los maniobreros –algunos sin empresa– abandonen la CEG para que entren dirigentes limpios, con nuevas ideas y con capacidad de ayudar a los asociados a buscar soluciones a sus problemas. Quienes crearon el problema no pueden ser la solución.

Escribí en noviembre de 2015 que el espectáculo que dan los dirigentes de la CEG y de las asociaciones provinciales daña la imagen de la Galicia emprendedora, indigna a los verdaderos empresarios y avergüenza a los gallegos.

Acababa entonces con una pregunta que espera respuesta cinco años después: ¿Está justificada la subvención de la Xunta a la CEG que solo sirve para alimentar esta pelea por el control de la organización?. No con el dinero de los gallegos. ¡Ya está bien!

La Patronal gallega