Caza mayor

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El nuestro es un país peculiar. Durante años hemos escuchado rumores sobre la vida privada-sentimental de don Juan Carlos sin que a nadie le provocara el menor escándalo. Es decir, no damos importancia a las cosas del “corazón”. Son cosas de los Borbones, se decía con indulgencia. Claro que la indulgencia se acabo el día en que se descubrió que en plena crisis económica, con el país entero padeciendo los efectos devastadores de esa crisis, el entonces Rey se había permitido el lujo de irse a cazar elefantes a Botswauna acompañado de una señora de nombre Corinna y apellido complicado.

El personal se indignó, claro. Ya se sabe que la estética es una parte de la ética y no resultaba asumible que mientras los ciudadanos de a pie apenas llegaban a fin de mes el rey estuviera cazando elefantes. Recuerdo que en esos días muchas personas bienintencionadas se escandalizaban y reprochaban la conducta del Rey también por la humillación que la aventura de la caza suponía para la reina doña Sofía. Pero, quién sabe, si a pesar del desagrado profundo que esa aventura provoco en el ánimo de los españoles, se habría superado con el paso del tiempo.

En realidad la indignación contra don Juan Carlos explotó cuando se empezaron a conocer la existencia de sus cuentas fuera de España. Los supuestos regalos millonarios a la tal Corinna, la acusación de recibir él mismo regalos y comisiones de los países productores del petróleo, etc provocaron, y provocan, una profunda indignación y decepción. Por decirlo claramente, los españoles somos dados a la benevolencia cuando se trata de asuntos que tienen que ver con el corazón, siempre que se guarden ciertas formas, pero somos implacables cuando se trata de asuntos relacionados con el bolsillo. Por ahí el personal no pasa.

Lo peor no es el destino del Rey Emérito, lo peor es que los enemigos de nuestro actual sistema político hijo de la la Transición, aprovechan los graves errores que se imputan a don Juan Carlos, para intentar desprestigiar nuestro sistema constitucional. Don Juan Carlos fue un actor importante en la recuperación de la democracia y durante muchos años sirvió bien a los ciudadanos. Pero ya digo que ni siquiera es importante lo que vaya a ser de él. Lo importante es que su irresponsable conducta ha abierto el debate sobre Monarquía o República, y de ahí al cuestionamiento de nuestra Constitución.

Lo que no dejo de preguntarme es por la responsabilidad de los distintos gobiernos democráticos. Porque es evidente que su responsabilidad pasaba por haber puesto al entonces Rey en su sitio. Y su sitio no era otro que el cumplir, entre otras cosas, con la obligación de tener una conducta irreprochable en todos los ámbitos. Se le consintió mucho y ese fue un grave error. 

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