¿El denuesto de la transición?

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Pasmado, así se quedó en su día Alfonso Guerra en un pleno del Parlamento español ante una proposición de Alianza Popular. Hoy aquella sensación de Guerra la compartimos muchos de los que vivimos la transición y vivimos ahora este esperpento protagonizado por mediocres y resentidos que solo saben buscar el enfrentamiento y profundizar en el rencor. 

Esa transición pisoteada por los podemitas y por el propio Sánchez, que agranda el camino iniciado por Zapatero y cuyo resultado es la confrontación permanente entre españoles alargando la sombra de un conflicto civil que España dio por superado de la mano de esa transición de la que nos sentimos orgullosos. Fue fruto del diálogo y del entendimiento entre diferentes, de un amor a España de todos que pensaban en el futuro y, ojo al dato, no eran cualquiera aquellos políticos. En otras palabras, el peor de todos ellos era mil veces mejor que los representantes actuales. 

Y si no, hagamos la comparación: Sánchez es comparable a Felipe o a Garrigues Walker, o a Peces Barba o a Solana o a tantos otros socialistas y liberales entregados a la causa de la democracia. E Iglesias ¿con quién podemos comparar a este iluminado? Los comunistas que se sentaron en la mesa de la transición y que habían sufrido en sus carnes mucho dolor, estuvieron a la altura de España y firmar el texto constitucional que ya nos ha dado más de 40 años de paz. 

Pues estos, los de ahora, insultan a la transición y quieren terminar con el régimen del 78 o, lo que es lo mismo, enterrar nuestra Constitución para dar a luz a no se sabe qué. Cuatro elecciones generales en cuatro años es el currículo de estos fenómenos que parecen dispuestos a someter a los españoles a la humillación de decirnos que no sabremos votar hasta que votemos lo que ellos quieren. Con ese currículo bien pudieran pensar en retirarse y dejar paso a políticos con un mínimo sentido de Estado. 

Esta política de aficionados y meritorios puede acabar con nuestro país, con nuestra paz y con nuestro bienestar y no lo podemos consentir. Unos adolescentes que recuerdan a aquellas conversaciones telefónicas que acababan con el “cuelga tú”, “no cuelga tú” en unas despedidas propias de la edad, pero impensables desde la madurez, esa que les falta a estos imberbes que mal gobiernan sus partidos y castigan a España y a todos los españoles. Ojalá tuviéramos hoy a aquellos políticos de la transición, mi memoria histórica me recuerda que aquellos tiempos eran de ilusión y de felicidad porque intuíamos que se estaba gobernando para hacer el bien. 

Hubo muchos aciertos y algunos errores, pero todas las decisiones tenían un sentido único, el bien común, la paz y la prosperidad de todo el pueblo español. No sé lo que pasará el 10 de noviembre, pero me temo que nada bueno. No soy dado al pesimismo, pero los mimbres que nos han traído hasta aquí, son los mismos que encabezarán los carteles para estas nuevas elecciones. Es como si un entrenador de fútbol retira a un jugador por mal rendimiento y lo sustituye por el mismo jugador. Así las cosas, quiero entonar un ¡viva la transición española! ¡vivan los españoles que la hicieron posible! Y, finalmente, un ¡viva España! Que no se merece lo que le están haciendo.

¿El denuesto de la transición?