Coruña... ¿Se mueve?

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Decía Don Santiago Ramón y Cajal: “Lo peor no es cometer un error, sino tratar de justificarlo, en vez de aprovecharlo como aviso providencial de nuestra ligereza o ignorancia.” Sabias palabras que han calado bien poco en la sociedad en general y en la vida política en particular. El pasado lunes, A Coruña vivió un colapso circulatorio generalizado. No puede definirse de otra forma una situación en la que se llegó a tardar una hora en llegar desde Cuatro Caminos a María Pita o desde Monte Alto al Polígono de A Grela. No se trata de una exageración realizada desde las bancadas de la “leal oposición” sino de la queja generalizada y justa de esa “veciñanza” que sigue sin entender cómo es posible que un camión atascado provoque el caos circulatorio en una ciudad de casi 250.000 habitantes. El disparate vivido el pasado lunes es una muestra más de la ausencia absoluta de planificación y gestión de emergencias del alcalde Ferreiro. El gobierno local, sea del color político que sea, cuenta con una infraestructura municipal repleta de grandes profesionales, expertos en tráfico, circulación y seguridad. Llevar tres años y medio de gobierno sin haber previsto un plan para cualquier contingencia en un túnel de la ciudad sólo puede responder a la desidia. Tratar de restar importancia a la evidencia y ningunear a la ciudadanía es perseverar en el error, como decía Ramón y Cajal, y nada más peligroso para un político que permanecer en la autocomplacencia y no hacer un sano (y obligado) ejercicio de autocrítica. 

A Coruña tiene una asignatura pendiente en materia de Movilidad: la transformación del espacio público a través de nuevas rutas de autobuses que permitan a la ciudadanía prescindir del vehículo privado y utilizar alternativas fiables que faciliten un cambio de hábitos en residentes y visitantes. Dos legislaturas de parálisis absoluta en materia de movilidad son la razón de muchos de esos “imprevistos” a los que ha echado la culpa el gobierno local. El PSOE, en el año 2011, dejó perfilado un Plan de Movilidad realista y asequible que priorizaba el transporte público sobre el privado. Pero cuatro años de mayoría absoluta del PP -con un PMUS (Plan de Movilidad Urbana Sostenible) que se limitó a gastar miles de euros en maquetar un programa electoral sin concreción alguna- bastaron para eliminar el carril bus y volver a un modelo de vehículo privado. Marea Atlántica, que en este asunto ha seguido su tendencia de buenas intenciones y pocas acciones, ha perdido tres años y medio en los que el balance no puede ser más negativo: ninguna previsión ante nuevas infraestructuras; incapacidad para resolver problemas evidentes, como el acceso al túnel desde la Avenida de Arteixo; inacción sonrojante ante incidencias como la del pasado lunes (¿por qué no se abrió al tráfico de forma puntual y ordenada la Avenida de la Marina?); ningún avance en el anunciado y aún desconocido mapa de líneas y vueltas y más vueltas al Plan de Movilidad iniciado por el PSOE en 2009 sin que todavía se haya aprobado una sola línea en Pleno. Tal vez es necesario recordar al gobierno municipal la necesidad de encarar los problemas de frente, tal y como han hecho otros gobiernos municipales de los que formaciones que sostienen a la Marea presumen, como el de Madrid. La ciudad va a seguir moviéndose, de eso estoy segura, demandando del gobierno de A Coruña, soluciones rápidas y eficaces frente a sus problemas. 

Todo lo demás, como decía Ramón y Cajal, es justificar los errores creyendo que quienes sufren la inacción y la ineficacia quieren palabras y no hechos. Al tiempo.

Coruña... ¿Se mueve?