COMBATIR LA POBREZA

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La Unión Europea, en un informe del Comité de Protección Social que aglutina a representantes de los Estados miembros y la Comisión Europea, señala que “una de cada cinco personas en la UE se encuentra en riesgo de pobreza o exclusión social. Un número tan alto de personas viviendo al margen de la sociedad debilita la cohesión social y limita el potencial de los europeos. Esto es especialmente dañino en un período en el que los Estados miembros trabajan para garantizar la recuperación tras las crisis económica y financiera”.  “Los Jefes de Estado  de la UE se han comprometido a sacar a 20 millones de personas como mínimo del riesgo de pobreza y exclusión social en 2.020”. Estupendo, sobre el papel todo queda precioso y desde luego, nadie puede discutir que se ven buenas intenciones. El problema es que, cada vez, la sociedad está más desestructurada y la riqueza se concentra en unos pocos privilegiados, mientras que la clase media pierde peso específico.
Uno de los ejemplos más extremos con que se encuentran las familias que viven en la pobreza o en situación de exclusión social es la carencia de hogar y la privación de vivienda, así como la exclusión financiera.  Si bien es cierto que el acceso a un alojamiento asequible es una necesidad y un derecho, en estados de la UE sigue siendo complicado garantizar este derecho. Asimismo la exclusión financiera puede impedir a una persona conseguir trabajo, crear una empresa y acceder a otros servicios. La realidad es que la crisis ha puesto a los sistemas de protección social ante el reto de afrontar unos niveles de exclusión crecientes con unos recursos públicos reducidos. Ahora las diferentes administraciones públicas tienen que ser valientes para adoptar políticas sociales y de igualdad para que  ningún ciudadano quede excluido de la futura recuperación económica.

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