DESPOTISMO ILETRADO

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El despotismo fue una forma de ejercer el gobierno, incluso una concepción del poder, nacida en el siglo XVIII en tiempos de la Ilustración, por eso se le suele relacionar con este movimiento. Una de sus características era pensar en el pueblo, qué quería y qué necesitaba, cosa que los gobernantes, sobre todo los de las monarquías absolutas, solían olvidar con frecuencia. Bien es verdad que los déspotas ilustrados, que tenían ese mérito de pensar en el pueblo como objeto de su gobierno, no eran partidarios de preguntarle a los interesados por sus necesidades y aspiraciones, ya las sabían ellos, para eso era gente culta y preparada.
Además tenían a los filósofos, que por entonces daban mucho juego, Voltaire o Diderot conocían perfectamente lo que necesitaba la gente sin necesidad de preguntárselo. Por tanto, el ilustrado con su preparación estaba perfectamente legitimado para ejercer el poder, si ese era el caso. Lo único que se le exigía es que fuese lo que por entonces se empezaba a denominar como un “hombre honesto”, que nada tiene que ver con el recato o decoro al que hace referencia el significado original de este último calificativo. Más bien se trataba de que fuera y apareciera siempre como un dechado de virtudes intelectuales, elegancia y buen hacer.
El mejor ejemplo que tenemos a mano es el marqués de la Ensenada, el gran consejero de Estado que los borbones tuvieron en España a lo largo del siglo XVIII, a quien, por cierto, no hace justicia alguna que otra estatua aparecida por los jardines de Ferrol, aunque resulta bastante graciosa y divertida. El caso es que el bueno del marqués se puso a trabajar desde los muchos e importantes cargos que ocupó, con afanes modernizadores.
Esto ya es historia y he repetido más de una vez que no se puede vivir mirando al pasado. Si saco el asunto a colación es porque me parece que algo puede tener que ver con el futuro. Una de las características del déspota, sea ilustrado o no, es que en el fondo se cree investido de una autoridad que ninguna ley o control constitucional puede limitar. El secreto está en que es una especie de redentor del pueblo pero sin en pueblo, por eso una vez llegado al poder, incluso aunque sea por cauces democráticos, siempre pondrá sus afanes reformistas y controladores por encima incluso de las reglas de juego o de convivencia, es decir, de las leyes.
Aunque pueda traer algunos beneficios ocasionales, por lo general no se puede considerar al despotismo como algo esencialmente bueno, ni siquiera al ilustrado. Pero qué decir de un despotismo iletrado y voluntarista, asentado en unos planteamientos asamblearios.

DESPOTISMO ILETRADO