AYUDAR A MERKEL

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La diáspora de los miles de refugiados que huyen de la guerra en Siria, Iraq o Afganistán va camino de desbordar las posibilidades de acogida de los países hacia los que se dirigen o han recalado por el camino. En Asia y en Europa. Dos millones en Turquía, millón y medio en Jordania, casi un millón en el Líbano, seiscientos mil llegaron en lo que va de año a Grecia, cerca de cien mil están ya en Alemania, varias decenas de miles han alcanzado Austria, y, un río ingente en el camino. Multitudes en trance de desesperación, que intentan llegar a esos países dónde todavía pueden encontrar las puertas abiertas. Otras puertas les han sido negadas. Hungría blindó su frontera sur con alambradas y otro tanto está haciendo Eslovenia.
La llegada del mal tiempo nos anuncia que a las penalidades que están sufriendo en el camino se añadirá el invierno. Muy duro en el centro de Europa. Alemania, país que abrió senda en la acogida de refugiados, no puede asumir por sí sola todo el caudal de personas que aspiran a llegar al país. Las ciudades que como Múnich han sido pioneras en la acogida están desbordadas. Y otro tanto sucede en otras capitales. 
Al problema estrictamente organizativo-logístico y económico que supone acoger a tantísimos miles de personas, se unen los derivados del movimiento de rechazo que está fermentando en una parte de la opinión pública. Fomentado por una organización política -Pegida- implantada en algunas ciudades de la antigua Alemania comunista. Es un movimiento xenófobo que ha encontrado en los problemas que plantean los refugiados el caldo de cultivo ideal. La canciller Ángela Merkel, que ha sido pionera impulsando una generosa política de acogida está perdiendo apoyos incluso en el seno de su propia coalición. En otros países (caso de Francia, con Marine Le Pen) el problema de los refugiados unido al de los emigrantes económicos procedentes de África) está dando alas a los partidos de la extrema derecha. La Unión Europea debería asumir que estamos ante una situación de emergencia que no sólo afecta a Alemania. En este asunto todos deberíamos estar con la señora Merkel. Bruselas debería abandonar la retórica parlamentaria y aprobar con carácter de urgencia un nuevo presupuesto destinado a resolver los mil y un problemas que apareja ubicar a miles de familias que llegan sin nada. Que hablan otros idiomas y en muchos casos tienen otra religión. Pero son personas. Hay que ayudarles. Ayudarles y denunciar la insolidaridad de los países ricos de la zona de la que proceden los refugiados. Hablo de Arabia Saudí y de los Emiratos del Golfo. Por no hablar de los EEUU, país cuya invasión de Iraq está en el origen de las guerras que asolan aquella región de Oriente Próximo.
 

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