BAÑO DE REALIDAD

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Uno de los gritos coreados en la manifestación del pasado día 29 en Madrid fue “Mariano, Mariano, no llegas al verano” con el que sindicalistas y manifestantes “profetizaban” una corta estancia del presidente del Gobierno en la Moncloa que, sin descartar nada, es poco probable que se haga realidad porque el presidente goza de buena salud democrática con una confortable mayoría que le garantiza la permanencia al frente del Gobierno más allá del próximo verano.

Dicho esto, en el semblante y en las expresiones del señor Rajoy sí se percibe cierto desencanto aderezado con una dosis de amargura por el baño de realidad económica que está recibiendo en los últimos días. Fuera de España, las instituciones europeas y los mercados, lejos de reconocer la fabril actividad reformadora desplegada en cien días de gobierno, piden más. La prima de riego, el termómetro que marca la confianza en la gestión del Gobierno, y los intereses a pagar por la deuda recuperan valores alarmantes y todo indica que el país vuelve a estar vigilado y tutelado, que es la frontera liviana que nos separa de una intervención real.

Dentro, las reformas darán frutos en su día, “pero ahora mismo no producen efecto ni dentro ni fuera de España”, se lamentaba Rajoy ante los suyos en Antequera, y los datos económicos son desoladores: no hay expectativas de crecimiento y las previsiones de 600.000 parados encogen los ánimos ciudadanos, que están muy alicaídos.

De modo que el estado anímico del presidente debe ser de depresión política, consciente de que, como le dijo a Artur Mas, “vivo en un lío” y ahora también vive en el desconcierto porque si no hace reformas o las haces muy livianas, malo; y si acomete reformas de verdad penalizan igualmente a España.

Así las cosas, siempre entra dentro de lo posible que el tsunami de la crisis se lo lleve políticamente antes del verano. Pero de ocurrir eso, si yo fuera sindicalista o manifestante tampoco cantaría victoria porque un abandono tan prematuro del presidente sería la señal de la llegada de la temible intervención, con la alternativa de una solución al estilo griego o italiano. Es decir, un tecnócrata impuesto por la troika –Unión Europea, Banco Central y Fondo Monetario– tomaría las riendas del país para aplicar reformas y recortes inimaginables hasta ahora. Una nueva modalidad de “golpe de Estado económico” y solo pensar en esa posibilidad pone los pelos de punta.

BAÑO DE REALIDAD