Ni fobias ni filias

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Para unos las sesiones en el parlamento español es la demostración de la existencia de las dos Españas mientras otros creen que es otra muestra de la lucha de clases. Lo que parece claro es que entre fobias y filias –repulsión/atracción según explica la psicología – las sesiones del parlamento español son lo más parecido a un combate de lucha libre. Y, otra vez cada cual, rebusca en las entrañas del rival, rebusca en su pasado, para ganar el futuro inventando parte del presente.

Hoy todas sus señorías –al igual que las instituciones que forman parte del marco constitucional– son iguales ante la ley. Decir otra cosa es mentir. Llegaron a través de los votos en unas elecciones legales. Por cierto: unos llegaron dopados según confirmaron ya los tribunales. Todos traen una mochila que fueron llenando con el paso del tiempo. Algo parecido pasó cuando, a la muerte del dictador, se recuperó la democracia que llevó al Congreso y al Senado a gentes de distinta procedencia. No hará falta recordar que llegar hasta allí fue fruto de acuerdos que significaban renuncias. Y es que eso es la democracia. Lo otro, que ya sufrimos, era la democracia orgánica del franquismo. Es lícito pues que cada grupo, fiel a sus principios y a sus votantes, tenga una idea distinta, un dibujo diferente, de lo que ellos entienden como lo mejor posible. Y hay diferencias entre la izquierda y la derecha y alguna coincidencia. El señor Maroto, agitador hoy en el Senado, pactó en 2013 los presupuestos de Vitoria, cuando era alcalde y dijo: es bueno pactar. Ojalá cunda el ejemplo. Ojalá suceda en más corporaciones .Y en 2016 PP y Bilbu votaron contra la investidura de Sánchez en 2016.

 Pero con el panorama que tenemos –crisis sanitaria, económica, social– parece lógico concordar para ganar la batalla más importante: salvar a los ciudadanos. Proteger a los que más lo necesitan, procurar que nadie quede en el camino y dejar para otro momento asuntos muy importantes pero no tan urgentes. De ahí la desolación del ciudadano ante las trifulcas, los bloqueos, las fobias y filias. Las líneas rojas. El virus terrible que nos rodea no separa a los ciudadanos por el color de su partido. Y el hambre, la necesidad de tantas y tantas familias y de los colectivos en riesgo de perder su negocio, no se dividen entre republicanos o monárquicos. Ni de izquierda o derecha. Son, sumando a todos, España. 

Ni fobias ni filias