“DEL REY ABAJO, NINGUNO”

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Es el título de una obra dramática de nuestro teatro del Siglo de Oro. Pero es algo más. Es la circunstancia personalísima que aqueja y atañe a nuestro monarca. Juan Carlos I –dicho sea con todo respeto– es un ejemplo claro de egoísmo dinástico mal entendido y sólo comparable con el que afecta a Isabel II de Inglaterra. Cada día entiendo menos en qué narices estaríamos pensando los españoles cuando llevamos años y años contribuyendo a la más perfecta de las educaciones posibles que hemos venido otorgando al príncipe Felipe. Total, para que su padre se empecine en agarrarse al trono y al bien preparado Felipe le esté pasando el sol por la puerta sin poder acceder a un trono que sin duda sabría desempeñar a las mil maravillas.
Felipe sabe idiomas a la perfección. Es ducho en economía, muy preparado en temas militares y aplaudido por una mayoría de los españoles. Pero al paso que vamos, le va a ocurrir como al eterno aspirante Carlos de Inglaterra. Y esto sería muy triste, habida cuenta de las limitaciones –cada vez más y mayores, aparte de las múltiples críticas– que afectan a su augusto padre.
La mala suerte persigue al rey. Y ya se sabe que Napoleón quería para sus generales buena suerte. Son ya 13 veces de paso por el quirófano y si bien es cierto –como dijo Spottorno– que “la abdicación es un acto personalísimo del rey y él nunca se la ha planteado”, ya sería hora de que se lo plantease, en un acto de generosidad que sin duda le agradecería el pueblo español.
Otro gallo cantaría si, por ejemplo, don Felipe fuese un heredero tipo Carlos II “el hechizado”, pero nuestro príncipe es el heredero de un trono más capacitado de entre todos los de Europa. Su madre aplaudiría la decisión de su marido, ya que ella sabe como nadie que la cadera ha venido siendo un caballo de batalla para el rey. El saber renunciar hace grandes a los hombres. Y mucho más grandes si estos son reyes. Y más grandes aún si en quien renuncian es un hijo de su propia sangre.  Entre tanto, sigue vigente el título teatral: “Del Rey abajo, ninguno”

“DEL REY ABAJO, NINGUNO”