BALANZAS FISCALES

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Como Cataluña acapara sistemáticamente el protagonismo de todo lo relacionado con el sistema autonómico, la reciente actualización  de las balanzas ha vuelto a centrar el foco en lo que a dicha  comunidad afecta, aunque ello no sea lo más relevante del estudio al respecto dado a conocer por el Ministerio de Hacienda. 
Como se sabe, esta gran operación estadística ofrece una radiografía detallada de la incidencia regional de los presupuestos públicos desde una óptica de carga – beneficio, tanto por el lado del ingreso como del gasto. Esto es, da cuenta de los beneficios o perjuicios de cada comunidad autonómica respecto a lo que se ingresa en ese territorio y lo que en el mismo se termina gastando.
Pues bien, aunque el acento informativo se haya puesto de nuevo en Cataluña, a otros nos parece  que lo más destacado –por hiriente- del documento en cuestión es  el dato de que las dos comunidades de régimen foral, País Vasco y  Navarra, pese a tener un nivel de riqueza claramente superior a la media nacional, gozan inexplicablemente de superávit fiscal. 
En concreto, acumulan un saldo positivo entre lo que reciben del Estado y lo que aportan al mismo: 1.562 millones y 371 millones de euros, respectivamente. Es decir, que reciben más de lo que aportan. De esta manera se certifica  la deficiente e injusta aplicación del método de cálculo de sus contribuciones; cálculo discriminatorio, realizado  con criterios políticos más que técnicos.  
Por otra parte, en pleno desmadre  del independentismo catalán el informe de Hacienda ha servido para poner el justo contrapunto al viejo y cansino discurso  victimista de allí.  Y es que, a diferencia del supuesto maltrato fiscal hacia aquella comunidad, la realidad es que se  está reduciendo el saldo entre las  cargas y los beneficios por la incidencia  de los presupuestos estatales.
Tal descenso se explica por el incremento del gasto público, lo que junto a los más de 40.000 millones inyectados desde el inicio de ls crisis por el Gobierno central a la Administración autonómica catalana, desmonta por completo el “España nos roba” y todo el argumentario habitual del nacionalismo.
Es más: en términos de financiación por habitante Cataluña sale mucho mejor parada que regiones mucho más pobres, como Canarias, Murcia y Andalucía. Valencia, por su parte, es la comunidad peor financiada: para  sus competencias recibe del Estado 1.848 euros por habitante, frente a los 3,862 del País Vasco y los 2.207 de la media nacional.
Todo ello pone de relieve la necesidad de equilibrar el modelo de la financiación autonómica. Hay regiones infrafinanciadas y más que justificadas están, por tanto, las quejas de algunas comunidades al respecto. Y sin solventar este desarreglo  resulta difícil ser exigentes  en el cumplimiento del déficit autonómico.

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