Esperando a los reyes

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Sabemos que van a venir. Vacunados o no y en jet en lugar de los camellos que dejan todo perdido. Y no se preocupen ustedes, niños y adultos, de los cierres y restricciones que nos rodean en estas vísperas navideñas. Nos dicen que las cabalgatas serán “virtuales” para evitar concentraciones yh nos conformamos.

También cuenta que el papa de nuestro Rey, Felipe VI, quiere venir a casa por Navidad y ahí ya hay más controversia. Y en medio de estos debates nadie parece recordar que el primero que lo puso en la calle fue su hijo que además le retiró la paga. Y alrededor de este asunto aparecen algunos excéntricos. Uno de los palmeros más conocido,  pide que no se caiga la bóveda que sostiene la cúpula de todo este edificio en el que vivimos, un remedo de la frase que repartió urbi et orbi uno de los políticos en uso.

 En el extranjero de fuera,  la prensa –inglesa, alemana, francesa–  hace un recorrido por la vida del ausente –o huido, ustedes mismos –recordando sus amigas íntimas y sus amigos millonarios. Hemos visto en la tele al ausente respondiendo a su entrevistadora que es duro, incluso para un monarca, pagar los dimos que le pide el Estado para poder ofrecer a sus ciudadanos una sanidad y una educación de calidad, amén de otros servicios que aquí sí, se compran y se venden. Igual que el cariño verdadero que nos señala la famosa canción.

Y es que después de casi medio siglo de democracia orgánica, la ciudadanía le demostró al ausente grandes muestras de cariño. Pero eso no era un cheque en blanco –para que citaré  lo de los cheques y regalos que es como nombrar a la bicha– y fíjense ustedes en Maradona que era el dios del balompié y luego de hurgar un poco le encontraron diversos pecados capitales y otros muchos más veniales. Nadie niega que su valor como” futbolero era único,   pero eso no es un seguro de por vida si esta es agitada y en contra de la decencia.

Bueno, parece claro ¿no? Pero vamos con los problemas que encontrarán los de Oriente con esto del cierre perimetral, aunque estarán guiados por las luces donde cada concello se esmera en sacar pecho a base de euros. Ah, por cierto: leo que el Borbón duda venir a casa por Navidad. Si viene será al Pardo. O sea como Franco.

Esperando a los reyes