El secuestro de los hijos

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a la violencia ejercida por algunos hombres contra las mujeres, que cada año se salda en España con la muerte de más de medio centenar de estas y con una devastadora cosecha de heridas y de huérfanos, le ha salido un aliado monstruoso en el flanco de la percepción pública de ese feminicidio: el de las mujeres que secuestran a sus hijos, que los alienan y manipulan para usarlos como daga contra sus exparejas y que atormentan a estas con denuncias falsas y calumniosas que, sobre comprometer su libertad y su relación con los hijos comunes, lastiman su honor de por vida.
El porcentaje de denuncias falsas sobre violencia de género es, según la estadística, irrelevante, pero no lo es menos que en los últimos tiempos han surgido particulares y organizaciones que, retorciendo la ley que la combate para ahormarla a intereses bastardos o a la sed de castigo, han hallado una vía expedita para lograr sus objetivos en perjuicio del varón. El descarado caso de Juana Rivas, que pese a sus condenas o a causa de ellas, sigue urdiendo añagazas contra su expareja y padre de sus hijos, es, el que parece haber servido de inspiración a los que estos días se han conocido inscritos en lo que los investigadores creen que se trata de una organización delincuencial.
Pero ese aliado de la violencia de género, estructurado como secta según el parecer de expertos en relación a Infancia Libre, que tal se llama la asociación a la que pertenecen, una como líder, las dos ciudadanas detenidas por el secuestro de sus hijos, podría ser una banda delictiva como tantas si no fuera porque sus víctimas son los niños, las criaturas reducidas a la condición de botín o de rehenes en un juego siniestro. Arropadas por abogados y psiquiatras de dudosa reputación, y aun por algún partido que les abrió las puertas del Congreso para exhibirlas como heroínas, esas señoras no tuvieron que esforzarse para encontrar grandes espacios de impunidad.
La lucha legal, judicial, policial, social, cultural y educativa contra la violencia de género es imprescindible y debe reforzarse y dotarse de los medios que para el logro de su objetivo, la erradicación, requiere, pero para ello también es decisiva la acción contra el secuestro de menores, la alienación parental y las denuncias falsas por pocas que sean, a menos que se quiera proporcionar munición a los negacionistas de esa violencia o a los partidos que, como Vox, pretenden liquidar esa ley que solo necesita, pero que lo necesita, afinarse para ser enteramente justa y eficaz. 

 

 

El secuestro de los hijos