Los cinco céntimos sanitarios

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Mal deben de andar las arcas públicas cuando después de haber abierto becas y ayudas a quienes el Gobierno central se las restringía; después de haberse andado por las ramas en lo establecido sobre atención sanitaria a los emigrantes sin papeles, y después de tantos otros desmarques, el presidente Núñez Feijóo se nos ha descolgado con dos medidas que contradicen comportamientos anteriores.
Por una parte, asumiendo el copago extrahospitalario bajo el hasta ahora poco escuchado argumento de que la ley estatal es de obligado cumplimiento. Y por otra, subiendo el eufemísticamente llamado “céntimo” sanitario,  que en realidad nunca fue  uno, pero que a partir enero serán cinco y que pondrá los precios de gasolina y gasóleo entre los terceros o cuartos más altos de España.
En este caso se ha dicho que así nos equiparamos con el resto de las comunidades autónomas donde ya rige tal recargo. ¡Qué pena que la equiparación no se haya producido con alguna de las pocas que no lo han aplicado!.  Una vez más se iguala a peor. La conselleira de Facenda, Elena Muñoz, ha sido, con todo, más sincera: “No nos ha quedado más remedio. La recaudación fiscal sigue bajando”. Lo dicho: que las arcas públicas no gozan de  buena salud.
Calcula la Xunta que con los cinco céntimos de marras prevé recaudar 53 millones de euros adicionales, que se destinarán a financiar la sanidad. Veremos. No sé quién hace estos y otros cálculos. Pero si algún denominador común tienen  las previsiones de ahorro o ingresos que se nos dan como efecto y resultado de recortes, ajustes y subidas varias de impuestos, es que tales vaticinios no se vienen generalmente cumpliendo. Casi siempre quedan por debajo.
Hay que tener en cuenta además que los cinco céntimos sanitarios no es el único recargo finalista que rige en nuestra comunidad. Porque desde hace varios años está vigente el llamado canon del agua y  en el debate sobre el estado de la autonomía el presidente Feijóo ha anunciado uno nuevo: el llamado canon minero.
Así las cosas, parece razonable pedir que, cerrado el ejercicio,  la Xunta dé cumplida cuenta de en qué se han invertido tales cánones finalistas. Como si tuvieran presupuesto y contabilidad específicos para ellos. No sea que desde la caja general, al final no  se dediquen no al objetivo  concreto para el que fueron instituidos, sino a compensar agujeros varios, como el que genere la prevista bajada del IRPF.  
Y es que ya se sabe qué suele suceder con los presupuestos: que de su ejecución nada o muy poquito termina por conocer la opinión pública.  Y ya que el sufrido contribuyente paga, que al menos  sepa a dónde de verdad van a parar sus cada vez mayores cargas impositivas.

Los cinco céntimos sanitarios