OCASO Y VÍSPERAS

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Otra temporada de conciertos ha tocado a su fin. Grandes solistas internacionales y directores de prestigio se han ido turnando en lo que fue un buen año para nuestra Orquesta. Este viernes calló el telón de este ciclo, pero por el medio hay un monto importante de actividades musicales con vida propia y que se adhieren a este panorama artístico coruñés que tan buenos ratos hace pasar a sus ciudadanos, como los conciertos de la Sociedad Filarmónica, la Temporada Lírica –fundición acrisolada del defenestrado Festival de Ópera y del Festival Mozart- y tantos otros conciertos que tienen lugar a diario en los conservatorios y escuelas de música de la plaza, casi sin publicidad y apoyo algunos.
Este último concierto comenzó con una transcripción para metales de la “Vespro della Beata Vergine 1610” de Monteverdi, en la que se interpretó el “Ave Maris Stella”. El hecho en sí de la transcripción -o adaptación de una partitura para su posterior interpretación en diferentes instrumentos de los que fue escrita en origen- es una práctica habitual, y uno de los más prolíficos transcriptores fue J. S. Bach, que no sólo transcribió obras de otros compositores, como Vivaldi, sino que adaptó su propia música para diferentes instrumentos, dependiendo siempre de sus necesidades y circunstancias. En esta versión, dirigida por Dima Slobodeniouk, Monteverdi sonó claro, con una perfecta definición en el paralelismo de las voces debida, en buena parte, a los metales. Después una obra de estreno: “Let me tell you”, para voz y orquesta, del compositor danés Hans Abrahamsen, e interpretada por Barbara Hannigan. Una de las grandes obras contemporáneas que pasaron por Palacio, y prueba irrefutable de que se puede componer con sentido, a día de hoy, no sólo falsas verdades, o la descontextualización absoluta del arte musical. Sorprendió Abrahamsen por el sugerente ambiente creado en su particular mezcla de timbres y colores, y fue un placer escuchar la voz de Hanningan, pues encerrando grandes problemas técnicos en su ejecución, su forma de vivir la música de Abrahamsen gustó sobremanera. Después “Pinos de Roma”, de Respighi: sabia elección como colofón.

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