La salida de la Armada de Felipe II de A Coruña hacia las costas inglesas

Retrato histórico del rey Felipe II
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La salida de Lisboa de la Armada de Felipe II, conocida como la “Armada Invencible” trajo consigo la posterior venganza inglesa sobre las costas de la Coruña, cuando entra en puerto y fondea en la bahía, esperando mejore el tiempo para hacer la incursión contra Inglaterra.


En la ciudad se reunirá después de hacer una mala travesía, muchos barcos se dispersaron y otros sufren graves daños en su arboladura. Estarán un tiempo fondeados en las aguas coruñesas, hasta que se reúne de nuevo la flota y se le aprovisiona de los víveres para su singladura.


El mando de la armada estaba destinado al Marqués de Santa Cruz, hombre experimentado en cuestiones de la mar, pero la fatalidad hizo que falleciese ese año. Ante este contratiempo, el monarca nombra por sustituto al duque de Medina Sidonia, capitán general de Andalucía, sin experiencia en asuntos de la Armada. Descendía de noble linaje, la casa de Guzmán, los primeros nobles oriundos del reino de León, que acompañaron al Rey Alfonso a la conquista de Toledo.


El duque de Medina Sidonia, elige por ayudantes en aquella empresa contra la reina de Inglaterra, a los capitanes de su Armada, Alonso de Leiva, general de la caballería de Milán, Francisco de Bobadilla, maestre de campo, Juan Martínez de Recalde, almirante y cabo de la escuadra de Cantabria, Diego Flores de Valdés, escuadra de Castilla, Pedro de Valdés, escuadra de Andalucía, Oquendo, escuadra de Guipúzcoa y Bertendona, escuadra de Carrera de Indias. A su cargo 130 compañías de soldados que en su mayoría eran veteranos de guerra bien armados.


Composición

A la salida de Lisboa, aquella gran armada, estaba compuesta de 65 galeones y otras naves de gran porte, 25 urcas, de diferente calado, 19 pataches de a 113 calzas, cuatro galeazas, cuatro galeras, 20 carabelas para el servicio y diez falúas, que en total sumaban 147 bajeles, en los que iban soldados, capitanes, marineros, remeros, aventureros y artilleros, y en los que también figuraban ministros y oficiales de la Armada y Justicia.


Sumaban 31.000 hombres, de los cuales 29.000 eran de armas. Llevaba aquella escuadra dinero para efectuar pagos y compras, así como vituallas para seis meses, además de abundante munición, un considerable número de barriles de agua, galletas (pan), baldes para el agua, cueros de vaca, planchas de plomo y zurrones para la pólvora, además de sacos, mochilas, ocho mil botillas para el vino, cinco mil pares de zapatos y 11.000 de alpargatas. También contaban con banderas y flámulas con la imagen de Jesucristo y de su Madre Santísima, con las armas del rey Felipe II.


Para transportar la artillería en tierra se llevaron mulas, carretones, carromatos, jarcias, cabrias, tablones, además de 7.000 arcabuces de alcance, 1.000 mosquetes, 10.000 picas, 6.000 medias (picas), mil partesanas y alabardas, aparte de las armas ordinarias que llevaba aquella gente de guerra y mar.


Partida

Dicha armada partió de Lisboa el 30 de mayo, el estado de la mar les hizo venir a refugiarse a A Coruña, teniendo desde Lisboa una penosa travesía y perdiéndose en el mar numerosas naves que acabaron recalando en los puertos más dispares, permaneciendo esta armada fondeada en la bahía coruñesa debido al mal estado de la mar por espacio de 52 días, los cuales se usarán para reorganizar la flota y hacer los reparos precisos de los daños sufridos en la travesía.


La escuadra salió en perfecta formación de la bahía coruñesa el 22 de julio de aquel fatídico año de 1588. Navegando la Armada de Felipe II con viento del suroeste unos días, estando la mar en calma hasta el día 26 al mediodía en que cambia el viento a nordeste y será la causa de la zozobra de la galera “Patrona” que acaba encallando en la costa Francesa.


El miércoles 27, sopla el viento con fuerza y mar gruesa a borrascosa, lo cual hace dispersar a la armada y echa a dos galeras contra la costa de Francia. El jueves, haciendo cuenta de las pérdidas de los bajeles por aquel vendaval marino, se nota la falta de 43. Mientras las galeras sondean la profundidad del mar para ver el calado de las naves.


El viernes 29, navega la armada con viento del este y vuelve el patache con el aviso de Pedro Valdés, el cual estaba delante de la escuadra y había recogido los bajeles que faltaban, excepto uno. De las galeras no sabía que derrota habían tomado.


Recepción inglesa

Al día siguiente, sábado, la armada llega a la costa Británica y, al descubrirla, los ingleses, hacen fuegos y fogatas para alertar a la población y en la tarde de aquel día, el alférez Juan Gil, a bordo de una zobra de remos, descubre a una numerosa flota inglesa, de cuyo número no era capaz de dar, debido a la intensa niebla y la constante lluvia, pero regresa con cuatro pescadores ingleses, quienes le advirtieron de que había salido aquella tarde de Playmonth la armada inglesa.


El último día de julio, debido al temporal reinante en la mar se pierden 60 bajeles, siendo ese día cuando se hace el cruce de fuego entre los barcos españoles e ingleses en el Canal de la Mancha. Una nave se pierde en el fragor de la batalla y se va contra la costa francesa y otras muchas resultan con serios desperfectos. La flota enemiga maniobraba con mayor rapidez que la española por ser barcos de un fácil manejo. Ese día salta por los aires la nave en que iban los fondos de la armada. 

La salida de la Armada de Felipe II de A Coruña hacia las costas inglesas