14 de febrero

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La pretendida soltera vocacional –no hay hombre que me merezca– proclama su desprecio eterno a una fecha dedicada a las parejas. En privado, pijama, chocolate y sofá, fantasea con hacer la compra para dos.

El indignado anticapitalista insiste en su discurso anual de boicot a una celebración consumista sin auténtico significado. Y mentalmente se apunta un tanto por su habilidad para ahorrarse un buen dinero.

El espíritu libre que no está hecho para seguir a la masa argumenta que su estilo es el de sorprender a su chica cuando menos se lo espere. Jamás llega a hacerlo; ella, harta de la desidia, termina por ponerle las maletas en la puerta.

La moderna descreída huye de los corazones y las velas. Lo cursi no es tendencia. También reniega de las comedias románticas, pero acaba con una sonrisa ensimismada cuando los protagonistas se besan en la escena final.

El esposo pagado de sí mismo, seguro de su posesión, no ve necesario gesto alguno para mantener viva una relación de décadas. Nunca sospecharía que su mujer, que hace tiempo que perdió la ilusión, reúne fuerzas para buscar algo que se parezca más a la vida que imaginó.

El 14 de febrero es día de críticas, chistes y apariencias. Se cuestiona la falta de pudor de quien no mantiene su cariño en el ámbito de lo privado. Se bromea sobre el marido temeroso de llegar a casa sin un regalo. Se manifiesta absoluta indiferencia por una fecha de la que, paradójicamente, no se deja de hablar.

Luego están los valientes. Chavales que aparecen con una rosa en la puerta del instituto, impermeables a las miradas y las burlas. Esposos que se cogen de la mano en la mesa del restaurante ante el gesto sarcástico del camarero. Parejas que declaran sus sentimientos en el foro público de internet, expuestos sin miedo al escarnio.

Afortunados, en realidad, que no desaprovechan la oportunidad de compartir este día, igual que el resto, con la persona a la que quieren. Cualquier ocasión es buena para celebrar que se tienen. Disfrutan más allá del qué dirán. Sonríen educados a quienes tratan de ridiculizarlos porque no necesitan decir más. Están satisfechos. Son felices. Tienen caricias, besos, complicidad. No les hace falta mostrarlo al mundo, pero pueden hacerlo si les apetece. El 14 de febrero es tan buen momento como cualquier otro.

14 de febrero