El flirteo del destino

El Deportivo no marcaba desde el 13 de diciembre en Liga (1-2 ante el Celta B) | javier alborés
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El equipo rompecorazones, no por que enamorara, sino por las decepciones que ha venido dando a sus seguidores, se propuso un 14 de febrero reconciliarse con la grada, con el césped, con el balón, con el gol y con el triunfo. Iba siendo hora. Al Deportivo no le quedaba otra en el día de San Valentín. Tenía que ganar sí o sí para seguir teniendo esperanzas, que es lo último que se pierde, y al fin lo consiguió. Imposible hacerlo sin esa dosis de sufrimiento a la que nos tiene acostumbrados. Perdonó lo indecible y acabó pidiendo la hora ante un rival que se quedó con diez en la recta final.


Media docena de cambios propuso el entrenador blanquiazul, Rubén de la Barrera, para tratar de reflotar a un equipo hundido, que llevaba siete jornadas sin ganar y que no marcaba desde 2020, aunque se quedaron en cinco porque Miku, que iba a formar parte de la alineación, se lesionó en el calentamiento y el técnico repescó a Lara, que se iba a quedar en el banquillo. Un guiño del destino.


La principal novedad fue el estreno bajo palos, en Liga, de Lucho García. El guardameta fue titular y sin máscara protectora a pesar de haberse entrenado con ella desde que se fracturó los huesos propios de la nariz en un entrenamiento a principios de mes. Villares y Rayco también formaron de inicio en su segundo partido con el Deportivo. Bóveda regresó al lateral derecho y Héctor Hernández, al izquierdo.


El contratiempo de Miku fue oportuno a la vista de lo que sucedió después. Lara fue uno de los jugadores con más protagonismo ofensivo en la primera mitad. El jugador cedido por el Sevilla le cogió la espalda al Guijuelo a los nueve minutos por la banda derecha, penetró en el área, se le fue largo el control, pero el balón le llegó a Raí en el área y el brasileño, que fue el referente en la punta del ataque por la lesión de Miku, disparó desviado cuando lo tenía todo para marcar desde el punto de penalti. Punto fatídico.


Algo en el ambiente llevaba a pensar que era el día. Que no podía pasar otro partido sin marcar y sin ganar. La sequía era alarmante. Tenía que aparecer el oasis en el desierto en que se había convertido el Deportivo. Tras la tormenta de arena que se llevó al Consejo de Administración que encabezaba Fernando Vidal, con Antonio Couceiro por primera vez la ‘silla eléctrica’ del palco de Riazor, llegó el gol, eso que el Deportivo no celebraba desde la cita de Copa del Rey con El Ejido 2012, antes de Navidad, y que en Liga se resistía desde el partido con el Celta B a mediados de diciembre.


Fue un ataque largo del Deportivo. Raí la cedió atrás desde la línea de fondo, el balón tocó en un rival y le cayó a Lara, que no falló con la derecha. Al fin veía portería el equipo gracias a ese jugador que no iba a formar parte del once. Se alinearon los astros y el Deportivo se puso por delante en el marcador ante un rival que había apostado por jugar con línea de cinco en Riazor.


El equipo herculino desaprovechó ocasiones claras para tener un partido tranquilo ante el Guijuelo, como un disparo de Rayco, a pase de Uche, que se marchó a córner en el 47. De la Barrera esperó a la hora de partido para introducir la primera permuta: Keko por Lara. No modificó la estructura, algo que sí había hecho el rival.


Se jugó la segunda amarilla Uche y el Deportivo apareció en ataque con los dos exfabrilistas. De Villares para Rayco, que controló bien en el área pero remató alto, y del canario para el lucense a los 70 minutos, con el mismo final. También tuvo el gol Raí, voluntarioso pero desacertado en las decisiones y en la ejecución.


El Guijuelo salió vivo se ese fogueo del Depor y Kamal avisó con un lanzamiento desde la frontal que se le marchó por arriba de la portería de Lucho.


A falta de diez minutos, Galán y Beauvue fueron incorporados al césped por Villares y Rayco. El madrileño fue clave. Primero, en defensa. En el área evitó con un despeje de cabeza que el Guijuelo empatara el encuentro.


El conjunto chacinero se quedó con diez por la expulsión de Kamal. Vio la amarilla por una falta en la medular y, por protestar, se llevó de premio la roja en esa misma acción.


Aun así el Deportivo no tuvo un final cómodo de partido. De la Barrera optó por Bergantiños y Derik para intentar cerrarlo, pero el equipo herculino se vio superado en la línea medular, donde el Guijuelo encontró superioridad. Galán contribuyó, con sus movimientos con el balón a que el descuento acabara con el Deportivo indemne y con los tres puntos en la cuenta.


Desde el 29 de noviembre no ganaban los deportivistas; desde el 13 de diciembre no marcaban. Ya era hora de hacerlo y por fin sucedió.


Ahora, como dijo De la Barrera, el Deportivo debe darle continuidad en el siguiente encuentro, otra final, esta vez ante el Racing de Ferrol en A Malata, en el reencuentro con Tino Fernández, con Cristóbal Parralo y con Diego Rivas, Diego Seoane y Quique Fornos. La batalla continúa para un Depor que tiene que avanzar a contrarreloj. 

El flirteo del destino