Ángeles Huerta retrata las entrañas de la ciudad en “Esquece Monelos”

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Se fue tapando a trozos, pero su presencia salta cuando uno va por Meicende y se fija en ese hilo de agua que no quiere agotarse o cruza una calle Posse a menudo semi inundada. El documental “Esquece Monelos” se preestrena el miércoles a las 20.30 horas en el teatro Rosalía como una metáfora que encierra vida y olvido. Su directora Ángeles Huerta cuenta que la masa madre cogió forma después de que a un ser querido le diagnosticaran que su memoria estaba enferma. 
Entonces, alguien le habló de un río oculto, “que afectó a muchos” y agrupó a una comunidad de gente a sus orillas. Esa gente o sus sucesores se enfrentan hoy a la cámara. Son contradicción e historia. Por eso, que “es igual de importante el Monelos que el Támesis”. 
La pieza está pensada para gustar aquí y allá y aunque es inevitable ponerle el condimento de “local” a la butaca coruñesa, los de fuera se quedarán con otro mensaje que atiende a esa memoria frágil y “lo importante que es contar las cosas para que tu memoria quede viva”. De esta forma, los hijos y nietos de los habitantes del río Monelos lo sienten como suyo. Cuenta la que autora que primero se borró del mapa para construir la Fábrica de Tabacos y La Palloza. 
Después, soterraron el tramo donde en la actualidad aparcan autobuses con destino A Coruña, pero “lo más traumático fue con el polígono de Elviña, el Barrio de las Flores y Lavedra”. Desde los años 60 hacia delante, la casi desaparición del río le sirve a Huerta para darle un enfoque poético. Así que el equipo sigue el curso del arroyo y lo completa con relatos identitarios de un político, un ingeniero o un neuropsiquiatra, que establece un paralelismo entre las redes neuronales y los caudales acuosos. Entre tanto, Ángeles suelta sus miedos en off y se plantea “qué quedaría si empiezo a olvidarme de las cosas”. 
La historia de la ciudad y del río van en paralelo en una cinta que contrapone puntos de vista, a veces incluso de la misma persona: “Hay mujeres que me contaron lo bonito que era ir a lavar: ‘Era mellor que o mellor baile’” y al mismo tiempo te dice que el agua estaba helada”. Ángeles echa todo a la ensalada y la magia de A Camposa, “un conjunto de casas de piedra que no tenían agua corriente ni baño donde están ahora los Nuevos Ministerios”, aparece con su sombra, que habla de aquellas crecidas que convertían la zona en inaccesible y por qué no, “en una pocilga”. Huerta asegura que la base era construir un relato “mínimamente honesto”. 

recorrido
Para completar el puzzle de la memoria, la presentación del miércoles vendrá precedida el martes por un recorrido a pie, que partirá a las 18.00 horas de Salvador de Madariaga, a la altura del Club Financiero, y hará parada en cuatro sitios. A la marcha, se unirán parte del equipo y testimonios. Y es que además de retratar la superficie desde A Furoca, en Meicende, donde nace uno de sus brazos a la presa que no es capaz de retenerlo; de inmortalizar los puntos donde todavía se asoma con vida en Feáns, O Martinete y San Cristovo das Viñas, “que es lo que se ve desde el tren cuando sales de la ciudad”, el documental camina entre alcantarillas donde la cámara percibe anguilas y restos del puente. Son las entrañas de A Coruña, que Ángeles define como “muy controladas”, a excepción de “un vertido en Nuevos Ministerios”. 
Los intestinos tienen vida también, admite, y son un documento interesante, como “una ciudad dentro de otra ciudad”. Aunque la medioambiental, “es una de las lecturas que tiene”, la intención fue hacer de “Esquece Monelos” un ejercicio apolítico, pero es imposible que una “polis” lo sea. Así es que A Coruña asiste a una radiografía por dentro y por fuera. Desde Meicende a San Diego, donde desemboca el río, y en esa idea de ir juntanto pedacitos. n

Ángeles Huerta retrata las entrañas de la ciudad en “Esquece Monelos”