El área exhibe múltiples “llagas” de una explosión inmobiliaria que llegó tarde

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Respondía un experto castellano en Urbanismo, al ser preguntado por el “feísmo” que se expande por el rural gallego, que la belleza de la comunidad autónoma soportaba todo tipo de edificación. 
Agradeciendo la galantería, lo evidente es que aproximando algo más el foco decenas de moles de hormigón y ladrillo jalonan el paisaje del noroeste peninsular, en general, y de la comarca coruñesa, en particular, y no para disfrute y relajo de los vecinos.
Ninguno de la veintena de municipios de las áreas herculina y brigantina “se salva” de lucir lo que ya se pueden definir como “llagas” arquitectónicas. 
Lo de llaga se refiere precisamente al malestar y hastío que provocan los inmuebles por la cantidad de años que llevan expuestos a las inclemencias meteorológicas sin que nadie parece que vaya a hacer algo por ellos..
Juan Leirós, concejal y responsable de Urbanismo en el Ayuntamiento de Cambre, considera que esta situación tiene difícil solución. Para él solo hay dos remedios y ninguno sencillo. Uno sería, por denominarlo de algún modo, el valiente.
“Demoler todas las construcciones a las que en el plazo de quince años no se les han hecho mejoras”, dice el también arquitecto en el municipio de Oleiros.
No obstante, el problema de una solución “radical y valiente” es la económica. Anular una licencia urbanística implica acuerdos con los promotores que en la mayoría de los casos tendrían que ser dilucidados en los juzgados.
La segunda solución es la de siempre: que el paso del tiempo y las circunstancias traigan consigo un final favorable. Pero Leirós confía poco en que eso vaya a suceder. La situación económica vivida entre los años 2000 y el 2008, “con ese ritmo loco”, como él lo define, no se repetirá, al menos por un plazo grande de tiempo.
¿Entonces qué queda? El responsable de Urbanismo Cambre lo tiene claro. “Chabolismo, naturaleza deteriorada y socialmente un desastre”.
Marbella de As Mariñas 
El caso más conocido de promoción inmobiliaria cuasi fallida es la urbanización Costa Miño Golf. El arquitecto técnico de la Politécnica de Madrid Guillermo Valcárcel, autor de “La ola que arrasó España. Ascenso y caída de la cultura del ladrillo” (RBA, 2013), considera esta iniciativa “una apuesta atrevida, inteligente y terrible para uno de los entornos menos dañados hasta el momento. Se optó por transformar su espectacular litoral en un vergel residencial similar a Marbella”.
“Cuando no quedaba más montaña a la que ir, decidió traerla. El norte, destino histórico de segundo orden debido al clima se convirtió en el último tramo explotable sufriendo en los últimos años, aun después de iniciada la crisis, uno de los mayores atentados ecológicos”, indicaba Valcárcel que, sin embargo, se mostraba convencido de que esta urbanización, al igual que las ubicadas en entornos del litoral, tenga cierto futuro.
“El actual proceso de desplazamiento poblacional a la costas hace que la ocupación completa de cualquier costa sea inevitable. Aunque se hayan paralizado las actuales urbanizaciones, se retomarán en el corto o medio plazo. Toda edificación en la costa acabará por encontrar salida. Cualquier destrucción, por ser justificada”, apostillaba.

El área exhibe múltiples “llagas” de una explosión inmobiliaria que llegó tarde