Anguita Juega colorea de amarillo el final del túnel en su nuevo libro

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Luis Anguita Juega sitúa al lector en un escenario poblado de jóvenes felices y sin obligaciones hasta que un hecho trágico los marca como si la vida les pusiera un crotal en la oreja. De fondo, el fiscal vuelve a dibujar Mera. Y el mar contempla y escucha. Engloba una historia que como la primera deja poso. Por el valor de la amistad que el escritor vierte en cada página y porque todo el mundo tiene un lugar en el mundo para soñar.

Es por eso que “Siempre habrá un lugar para soñar” tiene un mensaje positivo. Que invita a luchar aunque sea demasiado tarde. En el subuniverso que Luis Anguita construye están varios ejemplos de personas que no se han cansado de hacerlo. Porque junto a los veinteañeros está una persona que lleva diez años viviendo de recuerdos. Cegada por el pasado. Y un viejo marinero que no renuncia a nada. Aunque el telediario anuncie mar de fondo.

El fiscal estará firmando ejemplares el Día del Libro en Las Ramblas y El Corte Inglés de Barcelona

Además, la pluma suma al once titular un médico incapaz de no pelear por una vida hasta el final para situar al otro lado de la balanza a un cazador sin sentimientos, inconsciente del daño que genera.

Es así como el escritor va tejiendo una red para interconectar todos los cables y enchufar el resultado directamente a la emoción. Que sale a pacer en medio de la historia, asegura. “Hace llorar de alegría pero también de pena”, porque contiene sucesos trágicos con los que los lectores se identifican y anécdotas simpáticas. Un contraste de frío y de calor que envuelve al curioso para destapar la cazuela que es la vida y encontrarle las cosquillas. El autor cree que ahí está la clave. Que ellos pueden revivir sus propios capítulos a través de las páginas.

Después del éxito obtenido por “Mi lugar. Mi pequeño sueño” con miles de ejemplares vendidos, el fiscal ha cogido carrerilla hasta el punto de que ya tiene en el horno un tercero. Cuenta que una vez que envió el borrador del primero a la editorial, se quedó como agotado porque toda la energía que había puesto en él le había pasado factura de repente. Su mente dijo basta.

Sin embargo, tras dos meses de reposo, el escritor encontró la idea para la segunda novela en medio de una representación teatral: “Se me encendió la bombilla y se lo tuve que comentar al momento a mi mujer”. Más tarde, se sucederían las noches en vela porque al igual que la primera vez, Anguita notó que era la misma literatura quien lo empujaba a escribir. No le podía decir que no.

Así que, con algún personaje repetido de “Mi lugar. Mi pequeño sueño” y el amor y la amistad como telón de fondo, sale al mercado “Siempre habrá un lugar para soñar”, de la mano de Ediciones Carena, en la que Mera es la encargada de añadirle salitre al potaje. Ella es, sin duda, testigo de excepción. Aunque las dos publicaciones son independientes, hay ciertas situaciones que se repiten. Son pequeños puntos de conexión que hacen que los que hayan leído la primera completen la narración de los hechos en la segunda.

En un momento tan desalentador como el actual, la novela funciona como un revulsivo porque coloca la esperanza como algo que nunca se pierde para situar a los amigos como la base de un pastel y hablar de una gran batalla por la vida. La que destila el autor a lo largo de 400 páginas.

Anguita Juega presentaba el viernes pasado el volumen en la Fundación Novacaixagalicia ante un auditorio sin sillas vacías para sentarse el próximo 23 de abril en El Corte Inglés de Barcelona y en una caseta de Las Ramblas. Y ser feliz, porque no hay nada mejor que pasar el Día del Libro en esta ciudad. Rodeado de grandes firmas y con un nuevo hijo debajo del brazo.

Contaba el autor que sabe de gente que ya se lo ha leído. Y por lo que parece, dice, causa el mismo efecto: “Cautiva al lector”. De ahí los comentarios que lee en las redes sociales de personas que no conoce y que le dicen que se han emocionado. Lejos de escribir sobre una norma, el fiscal se decanta por la ficción. De alguna forma, se puede decir que también ha encontrado su lugar. A muchos metros del despacho, Luis Anguita sacude el vocabulario jurídico para llegar directo a la patata. Con palabras sencillas.

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