Desesperación blanquiazul

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Era uno de los exámenes más importantes de toda la temporada para el Fabril y al filial le ocurrió lo que le sucede a cualquier estudiante alguna vez en su vida. Le dio la vuelta a la hoja, vio las preguntas y se bloqueó. Intentó responder tirando de orgullo pero poco a poco fue bajando los brazos ante una prueba que finalmente le superó. El Boiro se mostró seguro en defensa y eficaz en ataque liderado por un Jorge Cano crecido.
Sin embargo, no empezó mal el partido el filial. Manuel Mosquera alineó un 1-4-2-3-1 con el debutante Pol Calvet y Bamba como mediocentros, Edu como enganche, las bandas para Corredera y Óscar y la punta para Otero. Edu pudo adelantar a los blanquiazules en dos llegadas al área pero el primer disparo salió centrado y el segundo desviado. Esa fue una de las diferencias. El Boiro no perdonaría. 
Poco a poco los visitantes se fueron asentando en un terreno de juego que aguantó relativamente bien las inclemencias meteorológicas. Cano, que partía desde la banda izquierda, comenzó a entrar en contacto con el balón, a irse hacia dentro y a asociarse... El Boiro se sacudió así el dominio inicial del Fabril y en una de esas jugadas Cano recortó hacia dentro y vio cómo Herbert le marcaba un desmarque en profundidad. Cano puso el balón por encima de la defensa y Herbert le ganó la partida a un blando Jorge. Ya en el área, el zurdo recortó para definir con su pierna izquierda y picó el balón por encima de David en el mano a mano. Herbert y Cano, ambos con pasado fabrilista, empezaron a cavar la tumba del filial.
El conjunto blanquiazul buscó el empate pero de nuevo Edu mandó un tiro a las nubes confirmando la diferencia de eficacia entre los dos equipos. Poco después se produjo el segundo mazazo para los locales. Reguero atajó un centro lateral y Lemos le avisó desde el banquillo de que Cano estaba solo, sin par, para lanzar la contra. Dicho y hecho. Balón en largo a Cano, Hugo Díaz se la come en el salto con Rivera y Cano queda mano a mano con Blas. El ex del Cerceda se hizo con el cuero tirando de físico y experiencia y después de un amago disparó raso al primer palo para anotar el 0-2. Era el minuto 23 pero en ese momento ya había quedado claro que Cano estaba un escalón por encima del resto.
A partir de ahí el Fabril entró en una fase peligrosa. Imprecisiones, caras largas, jugadores negando con la cabeza... Síntomas de desesperación cuando nada sale a derechas. Manuel Mosquera intentó reactivar a su equipo cambiando el sistema a un 1-4-4-2 con Bamba en banda y Óscar arriba con Otero. No funcionó. 
Tras el descanso el Fabril volvió al dibujo inicial pero con un cambio. Pol Calvet, que jugó sus primeros minutos de la temporada, dejó el sitio a Ángel, que se instaló en la banda derecha y mandó a Corredera a la mediapunta. En los primeros minutos del segundo acto el Fabril volvió a rondar el área rival, sobre todo llegando desde la banda derecha con Ángel y un Blas que apuraba bien la línea de fondo pero elegía mal el último pase. No obstante, el Boiro no pasaba excesivos apuros. En el minuto 67 se produjo la mejor ocasión local pero el cabezazo de Otero a la salida de un córner lo despejó Paco (un muro durante todo el partido) bajo palos con la ayuda del larguero. Ahí pudo haber estado la reacción.
Ya en el 85, Borja Domingo estrelló de nuevo el esférico en la madera a centro de Lucas y en ese momento el Fabril bajó los brazos de forma definitiva. 
Además, llegó la sentencia del Boiro tras un error de Blas en un despeje bloqueado. El balón le cayó a Rivera en el área y el exdeportivista (otro) se puso nervioso. Un recorte, un amago y pase sutil a la red. 0-3 y partido casi perfecto del Boiro. 
El filial blanquiazul sufrió una de las derrotas más duras de la temporada. No por el resultado, sino por la sensación de querer y no poder. Un día para olvidar.

Desesperación blanquiazul