Carne y corazón, los dos ingredientes que Marta Larralde le echa a sus personajes

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Fue la primera vez que hizo algo así. Frente a decenas de jóvenes con ganas de comerse el mundo y demás curiosos, la actriz Marta Larralde habló del ecosistema cinéfilo, se fue hasta las bambalinas y les descifró códigos secretos a los que como ella soñaron o sueñan con ser otros en la ficción. La masterclass que organizó ayer Coca-Cola en el Ágora por los 14 Premios Buero de Teatro Joven sentó en la misma mesa al pasado, presente y futuro para departir sobre la profesión. 
De primeras, a Larralde “clase magistral” le sonaba a responsabilidad, pero la testigo del “penalti más largo del mundo” contó su experiencia y la forma de trabajar. Compartió el momento en que un guión toca a su puerta: “Es un proceso, trato de poner mucha carne y corazón, de mojarme”. La viguesa cuenta que va a lo conocido, a lo que le toca: “Es largo, lo primero que hago es contextualizarlo, ponerme en el momento en que transcurre. Esto me ayuda mucho”. Allí frente a los curiosos, les explicó que tiene la extraña costumbre de inspirarse en cuadros y dibujos, “en posturas”, que trata de imitar. Atiende a la psicología del personaje, a trazos porque “como el cuerpo cuenta tanto”, desde ahí pasan cosas y Marta avanza. Se imagina otras y “todo vale”, afirma. 
Confiesa que todos cuestan mucho y todavía recuerda a Belén, de “Gran Hotel”, de la que no entendía tanta maldad: “Me preguntaba, pero ‘¿cómo defiendo esto?’”. Para Larralde, la clave está en no juzgarlos, pero “a veces es inevitable y vas a los problemas que pudieron tener, sus necesidades...”. Entonces, comienza a caminar en la piel de alguien ajeno: “Después están los que se alejan ideológicamente que son aún más difíciles”. Nada que ver con el primero de su largo lista, Elena, “que era como yo y vivía en un barrio que conocía”. Tratándolos de entender, los hay tan complejos que Marta afirma que hay actores que aún interpretándolos una y otra vez, se les escapa. Pero a un día se le suma el siguiente y entre tanto “vas dando pasitos y abordas el trabajo”. En todo esto, indica que es fundamental tener a una buena batuta al lado: “Para guiarte y decirte: ‘Esto nunca lo haría el personaje”, sobre todo, “en obras no tan clásicas, de series”. 
Larralde no cree que haya papeles imposibles porque “es como las personas, cualquiera haría de todo en cualquier momento y tú misma te sorprendes, piensas que si un día te atracan saldrás corriendo y te pasa y eres capaz de enfrentarte”. Marta trabaja desde el instinto, consciente de que “de esas cosas, salen cosas buenas”, y teniendo en cuenta que la encomienda tiene que estar siempre al servicio de la historia. 
La actriz se llevó a los minicampus como atrezo algo de material que se maneja en televisión donde los de su especie son un número porque así es más fácil de establecer un orden en el gallinero. Para seguir sumando renglones en su currículo porque tras “Seis hermanas”, le han surgido otros dos proyectos para este medio que se degusta en el sofá: “No puedo estar más contenta”. Y su alegría fue motivación para la clase de ayer. n

Carne y corazón, los dos ingredientes que Marta Larralde le echa a sus personajes