Juana Rivas dice en una carta que vive en una “pesadilla de terror”

La madre de Maracena (Granada) permanece ilocalizable desde el 26 de julio | Miguel Ángel Molina (Efe)
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Juana Rivas, la mujer que permanece ilocalizable desde que el pasado 26 de julio incumplió la orden de entregar a sus hijos al padre, escribió una carta en la que considera que no es un rapto huir para proteger a los menores y en la que narra la “pesadilla de terror” que vive con ellos.
En la segunda parte de la misiva a la que se tuvo acceso ayer esta vecina de Maracena (Granada), contra la que pesa una orden de búsqueda y detención policial, expone su situación.
Cuenta que afronta junto a sus hijos una “auténtica pesadilla de terror” y recuerda, como se contó el martes en la concentración organizada en su apoyo en Granada, que aunque está huida no siente que esté haciendo “nada malo”.
La carta que firma Juana Rivas hace referencia a la denuncia que interpuso ante el Juzgado de Violencia Sobre la Mujer 2 de Granada, que dijo no tener competencia porque denunciaba hechos ocurridos en Italia, y considera que si entonces se hubiera hecho caso a la “grave situación”, el Convenio de La Haya los protegería.
“Un rapto no puede ser una mujer que huye del horror para proteger a sus hijos (sí, con la excusa de las vacaciones) ¿Cómo si no?”, relata la carta, en la que Rivas explica que “un maltratador nunca te va a dar el consentimiento de irte” y tras lo que expone que tuvo que “salir del terror en el que estábamos sumergidos”.

Dispuesta a llegar a acuerdos
Asegura además que desde que llegó a España el año pasado ha estado “siempre” dispuesta a llegar a un acuerdo con su expareja, Francesco Arcuri, siempre que no pasara por volver a la “vida de pesadilla” de Italia, y niega haber hablado mal del padre a sus hijos.
Recuerda que su expareja faltó a citaciones judiciales, no contestó a llamadas de su abogada y respondió a todo con una demanda internacional “como si yo hubiera raptado a los niños”.
“Cualquiera con mi historia, viviendo en una casa aislada en el campo a ocho kilómetros del único pueblo de una isla pequeña en un país que no es el mío, sin ningún familiar, trabajando con mi maltratador, viviendo en casa de mi maltratador (...), ¿Qué persona en esa situación va y pone una denuncia?”, pregunta la carta. “Los malos tratos, de los que mi hijo ha sido testigo, se acreditan. Sale en la sentencia, lo dice la misma jueza”, explica Juana que dice no entender que “se condene” también a los niños.

Juana Rivas dice en una carta que vive en una “pesadilla de terror”