La estación de San Cristóbal vuelve a su azul original en una reforma que atiende al mobiliario menor

La estación recupera su tonalidad original para darle más luz y alegría, según el arquitecto César Portela | javier alborés
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Cuando el arquitecto César Portela repensó la estación de San Cristóbal, se fue hasta el azul, su color favorito, para darle luminosidad a un espacio que seguirá ganándole la partida a la oscuridad a medida que se vayan ejecutando las fases del proyecto de la intermodal elegido por Fomento en 2011. De momento, la reforma, cuenta el arquitecto, pasa por darle una capa de pintura a la estructura de hierro que ya es azul cielo, por restaurar andenes y la zona de esparcimiento para que la espera sea más agradable.
El rojo ya es historia desde hace semanas y en las paredes se cuentan novedades como un reloj a punto de marcarle las horas a los viajeros y un escudo de la ciudad. En este sentido, dice el experto que el espacio pedía azul: “A Coruña es una ciudad muy alegre, rodeada de mar por todas partes. El rojo era pesado y triste”. Además, recuerda el diseñador que en su origen cuando se construyó en 1935 ya era del mismo tono que el cielo.
Fue en una anterior rehabilitación cuando la vistieron con tonalidad cálida, un edificio muy singular, según el autor, como “una puerta de la ciudad” que reclama estar a pie de calle. Por eso, Adif construirá una pasarela peatonal que pondrá a los ocupantes del futuro AVE en la península de forma más rápida.

La transparencia se alcanzará en un segundo tramo, según Portela, cuando el espacio abra más ventanas a la plaza de San Cristóbal que está pegada al bloque y la calle entre por la infraestructura. Entonces, se producirá una mayor conexión con el entorno, que es el objetivo buscado.
Cuenta el experto que bajando las ventanas verticales tal y como lo trazó sobre los planos, la luz se colará entre la piedra de arriba a abajo. Por otro lado, las primeras obras borrarán del mapa la uralita de la cubierta y a pesar de que los andamios impiden ver lo que se está haciendo, los que se apean en la última parada lo hacen mucho “más contentos”, comenta.
Para el museólogo, Felipe Senén, la estación es un elemento interesante, como todos los de su especie que se asoman a los raíles del tren y que se distribuyen a lo largo de la línea Zamora-A Coruña. Para Senén, son ejemplos de una sensibilidad muy gallega por el material, de piedra de canteiros del país con estilo propio, y por la arquitectura en sí, cuidada, y que bebe de una especie de neobarroquismo o regionalismo, “nesa intención de mirar polas cousas autóctonas”.
La coruñesa tiene una hermana en Helsinki, de 1911 y obra de Eliel Saarinen, en la que se pudo inspirar el ingeniero Gacué Echeverría, con monolito a la entrada. En este sentido, apostó por un megalitismo y un trabajo en conjunto con arquitectos para parir un modelo único en España por su estilo neorrománico. La estación comenzó a llamar a sus pasajeros al tren de azul un 14 de abril de 1943. Hoy lo vuelve a hacer para envolver a las personas y a sus maletas en una atmósfera más positiva.

La estación de San Cristóbal vuelve a su azul original en una reforma que atiende al mobiliario menor