El BNG ajusta las cuentas de puertas adentro, pero fabrica un mensaje público de cohesión

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El Ideal Gallego-2011-06-03-004-51c1c358

R.L. > a coruña
  Antes de salir a la calle, los militantes del BNG no olvidaron en vestir su mejor sonrisa para escenificar la conclusión básica a la que habían llegado unos minutos antes: aquí no ha pasado nada.
Pero pasó. Que para eso están las asambleas en una formación tan asamblearia como la nacionalista. Eso sí, siempre intramuros. Ni fotos “por respeto aos militantes”, ni declaraciones oficiales, ni más filtraciones que las justas.

Con vehemencia > De lo poco que trascendió se deduce que ni nadie ha puesto su cabeza a disposición de la asamblea, ni nadie la ha pedido, al menos de manera formal. El resto de la liturgia, tal y como era previsible, se resume en un buen puñado de intervenciones vehementes en las que unos –los de la UPG y afines– trataban de presentar los resultados electorales como una botella medio llena, y los otros –los tellistas y el resto de sensibilidades– se preguntaron dónde han ido a parar los 10.000 votos que se dejó el BNG en el intento, cuestionaron los ejes de la campaña electoral y le reprocharon a Carril sus valoraciones en caliente de los resultados.
Pero sin sangre. Nada que no se hubiese escuchado ya en el consello comarcal, donde los de la “U” y los tellistas ya se habían enzarzado por la participación del éstos últimos en la campaña. La disputa está en si no los dejaron o no quisieron, pero el reproche fundamental es no haber remado en la misma dirección.
En ese punto se escucharon las palabras más subidas de tono, incluso entre los que todavía son compañeros de escaño en María Pita. Unos se sienten vilipendiados por los otros, que a su vez les acusan a aquellos de dejarse ir.
Sin embargo, y dentro del clima crispado que han provocado los malos resultados del 22-M, a los más veteranos militantes no les llamó la atención el tono de las intervenciones. “As asambleas sempre foron o lugar onde os militantes se expresan, e no Bloque somos moi dados a defender as nosas crenzas con moita paixón”, comentaba a la salida una de las piezas clave en los últimos años de la formación.
Pero lo cierto es que más allá del mensaje pactado, y que coincide con las directrices marcadas unas horas antes por Guillerme Vázquez, queda en el ambiente, con un acuerdo tácito de dejarlo para mejor y más discreta ocasión, la reformulación de algunos de los principios que ha llevado a la formación nacionalista a su situación actual. La fractura interna es evidente, y no hacen falta grandes esfuerzos para verla con claridad.
Basta un vistazo al manifiesto “Fagamos algo novo”, ya debatido en el antedicho consello comarcal, y que supone una durísima auto crítica. El análisis, que gana adeptos  con el paso de los días, se remonta a la pérdida de las elecciones autonómicas para concluir hasta el actual riesgo de que al formación nacionalista se convierta en “marxinal”.

El BNG ajusta las cuentas de puertas adentro, pero fabrica un mensaje público de cohesión