Papá Noel se ha comido a los de Oriente

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Paloma los disfraza en carnavales, les enfunda la roja si toca ganar el Mundial en Sudáfrica y hasta hace un año, sus gallegos fueron siempre y por Navidad María y José, pero la falta de espacio le impidió este año darles su momento de gloria en el escaparate de Bazar de Pepe. En su lugar, una joya en extinción, un belén moldeado en Buño, cumple la función de anunciar la Navidad en la calle Real. Es de los pocos locales que se postula a favor del nacimiento. 
La mayoría de las tiendas de esta recta eligen al orondo con barba porque es más llamativo. Canga más. Paloma, admiradora confesa de los de Oriente, dice que “lo tenemos difícil”. La balanza se inclina hacia el que pesa parecido que los otros tres juntos. Solo hay que levantar la vista del adoquín y ver cómo el del Polo Norte se desliza entre los bollos del día en panadería Suso. Asegura una dependienta que el decorado es fijo desde hace varias temporadas. Papá Noel aplasta a los que vienen en camello. Él y su atrezo de trineos, cérvidos y sacos de gran tamaño están por encima del oro, del incienso y de la mirra también. 
Si uno se va a la paralela Galera, Loyna tiene una réplica de Santa Claus de nada menos que 1,80 metros. Lo compraron hace dos años por la friolera de 300 euros. Sin embargo, el fichaje hace bien su trabajo y “si tuviéramos que cobrar un euro por cada uno que se hace una foto con él, no tendríamos zapatillas”. Saben que venden uno de los productos estrella de estas fiestas. Por eso, Adolfo y Jorge lanzan un órdago en medio de la calle para que los coruñeses elijan las de borreguillo y suela de goma como regalo para los suyos. 
Otro barrio, el de Cuatro Caminos, echa en falta el belén que montaban en el centro cívico. El presidente de la asociación vecinal y capataz de la obra, Juan Iglesias, confiesa que está en el trastero: “No hay tiempo”. La puesta en escena requiere templanza, asegura. Y es que su nacimiento ocupaba toda la cristalera del edificio de Fernández Latorre: “Un año vino hasta la concejala a inaugurarlo”. 
Único en su especie, el colectivo incluía sobre el musgo guiños a la ciudad que lo veía nacer diciembre tras diciembre porque si el portal era, en realidad, una réplica de la Casa de las Ciencias, el castillo de Herodes era San Antón: “La función de la estrella polar la hacía la Torre con una lucecita” y entre todos construían una tradición con aires “coruñentos” que desapareció del mapa: “Cada año incorporábamos algo, teníamos el puente de O Burgo, la cascada del Palacio de la Ópera y hasta el Paseo Marítimo”. 
Entre tanto “ho, ho, ho”, los coruñeses con sed de pastores y lavanderas mirando cómo beben los peces en el río tienen en el colegio de la Grande Obra de Atocha, en la parroquia de Santa Margarita y en María Pita tres buenas escusas para ver a los tres acercándose poco a poco entre la noche. Melchor, Gaspar y Baltasar pueden perder adeptos, pero su magia es insustituible. De eso no cabe duda. n

Papá Noel se ha comido a los de Oriente