Reportaje | La otra lección que se enseña en el campus de A Zapateira

|

Para el ojo inexperto, es difícil distinguir entre una especie de árbol y otra, entre un arbusto y el de al lado o entre el campo y el campus. Esto último es una lección que se enseña día a día en A Zapateira, en el entorno de las facultades de Ciencias y de Filología, donde crece día a día el Monte da Fraga, un espacio forestal que abarca una superficie de cuatro hectáreas y que pretende regenerar un espacio muy degradado por especies como eucaliptos y el maltrato humano. Comenzó hace quince años y cada vez alberga más especies propias de la fauna y la flora gallegas y se ha convertido en una pequeña joya que convierte en campus de A Zapateira en algo único en toda Galicia.
La gestión y coordinación corre a cargo de la Oficina de Medio Ambiente (OMA) de la Universidad, pero desde hace once años, cuenta con la colaboración de la Asociación para a Defensa Ecolóxica de Galiza (Adega) y el Grupo Naturalista Hábitat. Todos juntos vienen proyectando actuaciones que pretenden poner en valor este espacio mediante distintas iniciativas de carácter medioambiental, divulgativo y docente.
Pero es el Grupo Naturalista Hábitat el encargado de inventariar las especies que han surgido en este entorno. Lo hacen mediante lo que se denominan “bioblitzs” una especie de excursiones por la naturaleza en la que toman imágenes de todos las especies Se trata de acciones participativas que pretenden acercar este espacio tan desconocido para la mayoría de los coruñeses a aquellos interesados en la ecología.
No solo árboles
En realidad, para los propios naturalistas de Hábitat, no se puede decir que el monte da Fraga sea un verdadero bosque. Primero, por su pequeño tamaño y segundo, porque en términos medioambientales, once años no son nada. Se han eliminado las especies invasoras, como el eucalipto, y se han plantado otras, pero hay que darle tiempo al tiempo. “Ademais, non son só as árboles, son moi importantes os arbustos”, señalan. Es en ellos donde se refugia gran parte de la fauna que localizan con su ojo atento y capturan únicamente con sus cámaras.
Por ejemplo, el eslizón común (chlacides straitus), que a primera vista puede parecer una serpiente, pero que cuenta con pequeñas patas delanteras, el lagarto arnal (timon lepida) o el caracol de Quimper, una especie que en la actualidad se halla en peligro de extinción, aunque estudios recientes parecen indicar una situación más favorable para este molusco. También se pueden descubrir insectos como la libélula anax imperator o la mariposa nocturna, ambos antaño muy abundantes y actualmente muy castigados por los insecticidas, que parecen haber encontrado un pequeño refugio en este bosquecillo.
Además, entre los arbustos aparecen ejemplares curiosos, o por lo meos desconocidos para el gran público, como dos especies de orquídeas gallegas (dactylorhiza elata y serapias lingua). "Si, en Galicia e no noso monte da Fraga hai orquídeas, non son exclusivas das zonas exóticas", comentan desde Hábitat. O el lino silvestre, una especie emparentada con el vegetal que se utiliza para hacer fibras textiles. Un observador casual puede descubrir también lo que parecen unos nidos. En realidad son hongos (cyathus striatus) que adoptan esa forma para dispersar sus esporas.
La época de mayor esplendor del monte da Fraga es la primavera. Es entonces cuando al recorrerlo se aprende la lección de que vale la pena cuidar de la naturaleza. l

Reportaje | La otra lección que se enseña en el campus de A Zapateira