Los más pequeños son los encargados de estrenar el nuevo curso

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Son los más pequeños y los encargados de estrenar el curso escolar. Llegaban con los ojos entrecerrados a la puerta de la guardería, pero enseguida los abrían como platos para no perderse detalle del que será su mundo durante unas cuantas horas al día.
Los alumnos de las escuelas infantiles municipales empezaron ayer a familiarizarse con suelos acolchados, taburetes, cunas y juguetes nuevos. Los que entraban en el centro por primera vez, muchos aún sin mantenerse en pie sin ayuda, se debatían entre la atracción por la novedad y la pena por la despedida de unos padres que, en más de un caso, tenían que aguantar el llanto. Los veteranos, expertos de tres años en la rutina de la guardería, reconocían las caras de compañeros y monitores mientras elegían rincón favorito.
Y mientras unos descansaban, otros demostraban sus habilidades para el gateo y el resto se entregaba al baile y los juegos en grupo.
Con la diversión como tarea principal de la jornada, los niños fueron perdiendo la timidez –y los zapatos, las horquillas, el chupete...–  y empezaron a cimentar sus amistades del curso. De momento, por ejemplo, compartiendo un juguete.
La recompensa por el trabajo bien hecho, el abrazo de sus padres a la salida de la escuela.

Los más pequeños son los encargados de estrenar el nuevo curso