Los forenses descartan el suicidio en la muerte de San Cristóbal das Viñas

21 enero 2014 A coru�a.- La Polic�a cree que el fallecido en San Crist�bal das Vi�as encubri� a su asesino El acusado se enfrenta a jucio en la Audiencia y puede ser condenador a penas de hasta 18 a�os

No por imposible sino por inverosímil. Los forenses descartaron ayer que la herida por arma blanca que presentaba en el tórax el hombre que falleció en julio de 2012 tras ser atendido en un descampado de San Cristóbal das Viñas fuera fruto de un suicidio, tal como sostiene el acusado de darle muerte.
La comparecencia de los peritos fue una de las últimas que escucharon ayer en la Audiencia coruñesa los miembros del jurado que a estas horas delibera para determinar si el hombre que aquella tarde acompañaba la víctima es o no autor de un delito de homicidio, tal como sostienen la Fiscalía y la acusación particular, que ejerce un hermano del fallecido.
En su declaración en juicio, el acusado afirmó que su acompañante se clavó a sí mismo el cuchillo, una posibilidad que para los médicos del Imelga podría ser “compatible” con la herida del cadáver, pero poco probable, a la vista del contexto en que produjo. “Por los suicidios que hemos visto podemos decir que no se dan en compañía”, observó una de las expertas, que hablaron de otros indicios que apoyan esta conclusión. Entre ellos, el lugar de la lesión, el pecho, el número de heridas, una, o el lugar donde se produjo, un solar muy próximo a varias casas.
Como expusieron las forenses, los casos de suicidio con arma blanca en la Europa occidental se dan, por lo general, mediante cortes en las muñecas o en el cuello, y raras veces la lesión es única. El hecho de que el herido alertase a los servicios de emergencias alegando que acababa de ser apuñalado tampoco ayuda a reforzar la tesis que sostiene de defensa del quincuagenario sentado en el banquillo, que se enfrenta a una petición de condena de entre 12 años y 18, en el caso de la acusación particular.

en el escenario
No fue en boca de los forenses la única vez que los jurados escucharon ayer hablar sobre el modo en que pudo perpetrarse la agresión mortal. Antes de encerrarse a deliberar, el jurado visionó la reconstrucción que la Policía y la jueza instructora realizaron en el escenario de los hechos con ayuda de varios testigos y el propio detenido poco después de su detención, en septiembre de aquel año. En ella puede oírse cómo el hoy acusado escenifica el momento en que, según su versión, su amigo se quedó a solas, se sentó en el suelo y se clavó el cuchillo, y cómo huyó él del lugar, creyéndolo muerto, después de comprobar que no tenía pulso.
“Estaba sentado y me dijo que se iba a quitar la vida”, se escucha decir al entonces detenido, que en la grabación explica cómo se aleja cuando su acompañante le advierte de que va a “chutarse”, y cómo vuelve al lugar después de escucharle quejarse. “Creo que el cuchillo lo tenía en las manos”, reflexiona el acusado, que tras ser preguntado sobre si pudo clavarle el arma al caerse sobre su amigo duda, para luego afirmar: “Sé positivamente que a Keko yo no le clavé”.
Sobre ello deberá reflexionar el tribunal popular, que tendrá que valorar las distintas versiones que aportó el procesado desde que fue detenido por primera vez como sospechoso, únicamente, de un delito de omisión del deber de socorro, hasta que fue considerado ya autor de la agresión que acabaría con la vida de la víctima tras dos días en el hospital. También, los jurados deberán ponderar la influencia que pudo tener en lo ocurrido el hecho de que el acusado sea alcohólico o el que la víctima tuviese una salud muy delicada. n

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