Reportaje | El expolio que “ensombreció” la visita de Calvo Sotelo a Betanzos

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Treinta y siete años de la visita de Leopoldo Calvo Sotelo a Betanzos. El último presidente que, siendo inquilino de La Moncloa, visitó la ciudad para recorrer –a pie, para más señas– el casco histórico y conocer los secretos de Santa María y San Francisco. 
Betanzos era entonces un municipio conmocionado por el expolio perpetrado cuatro días antes en O Azougue. El robo de catorce tallas del siglo XV del retablo que los especialistas de la época valoraron en 500 millones de las antiguas pesetas y que, tras su detención en 1983, reconocería el “célebre” Erik el Belga. Treinta y siete años después, no ha podido recuperarse la correspondiente al Misterio de La Anunciación.
Durante los primeros días de la campaña de las Autonómicas del 20 de octubre de 1981, el político centrista celebró actos en A Coruña, Pontevedra, Vigo y Betanzos. Sin embargo, el valor de este último no estuvo en el acto en sí mismo, sino en los resultados, incluido el “rescate” de las obras, que animan a idealizar las consecuencias de una hipotética visita presidencial con motivo del octavo centenario, en 2019. 
Del encuentro con Calvo Sotelo pueden dar cuenta cualquiera de los ciudadanos que se acercaron a saludarlo, pero sobre todo el entonces alcalde, Vicente de la Fuente, quien, cuando aún no se había cumplido una semana de la estancia del presidente en Betanzos, recuerda el compromiso del Gobierno del Estado de asumir “las necesidades más prioritarias que en estos momentos tenemos y por las cuales te has interesado”, escribe el mandatario municipal el 14 de octubre 1981.
Si bien la principal reivindicación pasa por la recuperación de las tallas, las demandas de la corporación giran sobre dos ejes principales: la ampliación del Museo del Traje Gallego, creado por Real Decreto de 10 de Marzo de 1974, y la cesión, por parte del Ministerio de Agricultura, de los terrenos próximos a las naves del Centro de Inseminación Artificial –ahora desaparecido– como paso imprescindible para la construcción de las actuales instalaciones deportivas de O Carregal. 
El día 27 de octubre se recibe en la casa consistorial la respuesta del presidente: “Tomo buena nota de las necesidades prioritarias de Betanzos (...) Paso a ocuparme de ellas y te mantendré informado”, indica Calvo-Sotelo.

“Interés”
Así, el presidente que aprobó la adhesión de España a la OTAN, el que no consiguió la mayoría suficiente en una primera votación en el Congreso de los Diputados, y que en la segunda tuvo que “enfrentarse” al 23-F de Tejero,  se convirtió en el último presidente España que se interesó “in situ” por la riqueza patrimonial de la ciudad, el sinsólito enterramiento de Fernán Pérez o las obras de construcción de la Residencia García Hermanos. Llegó a O Campo en un Mercedes blindado y, con su esposa Pilar Ibáñez, se desplazó hasta O Azougue, donde se comprometió a destinar los medios necesarios para recuperar las tallas gótico-flamencas del siglo XV sustraídas en la madrugada del 30 de septiembre al 1 de octubre, una noche de triste recuerdo para Betanzos.
Los ciudadanos que participaron en aquella visita presidencial sostienen que apenas se establecieron medidas de seguridad –o que si se hizo se realizó con máxima discreción–y que cualquiera podía acercarse y estrecharle la mano,  en el marco de una ciudad inundada de carteles electorales, a dos semanas de un 20-0. l

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