“El mejor acto de respeto hacia el lector es ignorarlo”

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Agustín Fernández Mallo crea un “limbo” para su nueva colección de personajes, pero lejos de ponerles un flotador y darles una condición estática, el coruñés los perfila en un proceso de cambio. Quizá lo hace porque todo el mundo habla del principio y del final y casi nadie toca los momentos de tránsito. El escritor contaba hace dos días en la ciudad cómo estando en Guatemala escuchó la noticia de una secuestrada y pensó en cómo se siente uno aislado de sus objetos y de su gente. Después le dio vueltas a la forma de vivir la sexualidad en esa situación extrema. De sus cavilaciones, salió el primero de la lista.
En el mismo viaje, Agustín descubrió el Nuevo Testamento en su mesilla de noche. Ojeándolo llegó a la conclusión de que el libro es el blog de los blogs, una obra colectiva que “abras por donde lo abras siempre te puedes quedar con una historia”. Y “Limbo” empezó a rodar en su cabeza. En forma de red. Donde todo encaja o no. “Es como la vida. No tiene un planteamiento, nudo y desenlace” y “solo cuando uno muere, los demás escriben su relato, pero ese relato no es el que ha vivido”. Es otra leyenda.
En la novela, los protagonistas miran con extrañeza el mundo y junto a la mujer que relata su secuestro, Fernández Mallo envía a dos músicos a la Bretaña. Los encierra en un castillo y la pareja se enfrenta a componer la obra de su vida: “Cuando se encuentran allí, ocurren cosas un poco extrañas. Aparecen fantasmas propios y del castillo”.
La manera de funcionar del autor no entiende de esquemas previos. Agustín dice que esto se debe a su visión de poeta. Guiado por metáforas y analogías, cada vuelta al pasado de sus personajes no es porque sí. Todo tiene conexión y un cuadro del siglo XIX y una imagen de Google Earth sirven para cerrar un círculo. En “Limbo”, la memoria es como el comodín del público. Ayuda a despejar el presente. Agustín le pone a la “secuestrada” un investigador que viaja por Estados Unidos en busca del sonido del fin como pareja, una teoría mitológica que se inventa Mallo y sobre la que los lectores le preguntan. Afirma que son muchos los que se cuestionan qué hay de cierto en eso de que los grandes acontecimientos vayan precedidos de un pitido.
Su nuevo engranaje sigue provocando buenas críticas. ¿El secreto? El autor de “Proyecto Nocilla” asegura que escribiendo para él: “El mejor acto de respeto hacia el lector es ignorarlo”. Eso, y tirando de sus camaradas contemporáneos. Porque su ADN de escritor no sería lo mismo sin la experiencia de leer a otros, las historias beben de sus autores favoritos pero también de su mirada girada. Por la que percibe las cosas un pelín inclinadas igual que un poeta o un científico. Solo así, las cosas acaban llenando huecos en blanco. Nada que ver con el surrealismo, dice. Todo es realidad, sí, pero desenfocada.

“El mejor acto de respeto hacia el lector es ignorarlo”

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