Arte sobre ruedas para abrir conciencias

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Dice la Real Academia Española que el arte es la “actividad en la que el ser humano recrea, con una finalidad estética, un aspecto de la realidad o un sentimiento en formas bellas valiéndose de la materia, la imagen o el sonido”. Pero con “MatatArt” este concepto va mucho más lejos. Deja en un segundo plano el aspecto estético para traducir la pintura, la escultura, la fotografía, etc., en fórmulas mediante las que desarrollar el aprendizaje en zonas olvidadas de Uganda, en las que la mitad de la población ni siquiera termina los estudios primarios.
Esta iniciativa, promovida por los italianos Francesco de Pasquale y Maria Garbelloto, y la ugandesa Susan Tusabe, cobró vida casi “sin darse cuenta”. Aseguran que los tres llevaban dentro el concepto y cuando la vida les hizo coincidir en Kampala (capital de Uganda), “la idea estaba lista para convertirse en una realidad”. “MatatArt” pasó de ser un “imparable y abrumador flujo de ideas, imágenes, sonidos y colores” a dar forma a una iniciativa que usa la cultura como herramienta de desarrollo, sobre todo para los más pequeños.
Mediante este plan, que está recogiendo los fondos a través del sistema de micro mecenazgo en Indiegogo, se pretende promover el acceso a las artes para los niños y sus comunidades, de modo que se impulse el desarrollo cultural y la participación social de las zonas más desatendidas de Kampala. En la capital ugandesa, habitada por más de 3,5 millones de personas, se calcula que el 60% de la población vive en asentamientos informales densamente poblados y sin servicios básicos, que dejan a sus habitantes en una situación de vulnerabilidad muy alta. Además, como recuerdan los responsables de “MatatArt”, esto impide que los niños no tengan ningún tipo de acceso a cualquier actividad que se salga de la cruda realidad de sus favelas.
Los tres creadores del proyecto diseñaron para mejorar esto un vehículo. Un medio de transporte, que no solo lleva de un punto a otro, sino que permite, a través del arte, trasladar a los más pequeños a cualquier lugar de su imaginación. El elegido ha sido un tradicional “matatu” (de ahí el nombre del proyecto), que la especie de autobús que utilizan el 82% de las personas para moverse por Kampala. En él caben desde libros hasta pinturas, cámaras o instrumentos musicales, de manera que, de forma itinerante, la iniciativa permita el encuentro de los más pequeños con las artes visuales, la música y la literatura, de cara a mejorar su desarrollo social, su creatividad e, incluso, enseñarles a leer para enriquecer sus personas. “Nos basamos en el concepto del vendedor de helados que se mueve por los barrios atrayendo a los niños con una melodía inconfundible”, comenta el equipo.
Con “MatatArt” pretenden llegar a unos 6.300 niños durante su primer año de actividad, a la vez que buscan evidencias sobre cambios de comportamiento a través de la exposición de estos a las actividades artísticas y, a la vez, concienciar de temas tan importantes como el Sida, el medio ambiente o el saneamiento.
Por ahora, a falta de un mes, al matatu artístico solo le faltan 4.000 de los 14.000 euros requeridos para iniciar su ruta.

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