El botellón se da por acabado menos de un mes después de que se prohibiera en Méndez Núñez

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El jueves es noche de botellón en Méndez Núñez. O lo era, porque en el de esta semana los jóvenes acudieron a la cita provistos de sus bolsas llenas de alcohol. El 30 de enero, los jardines fueron declarados Zona de Especial Protección (ZEP) por el Ayuntamiento, y la Policía Local acordonó con una cita todo el perímetro. Menos de un mes después sin que se registraran incidentes, este jueves se decidió no encintar (aunque se mantuvo la vigilancia). Nada ocurrió. Según fuentes municipales, el botellón ya se da por erradicado de la ciudad.

750 euros
es la multa básica con la que se puede sancionar a los que perturban la convivencia generando ruido, pero no por beber en la calle

Se trata de un éxito para el Gobierno local, y uno de los primeros que puede apuntarse como mérito propio. En muchas otras de sus competencias, como Urbanismo o Servicios Sociales, el Gobierno de Inés Rey todavía sigue la estela de la Marea Atlántica, que dejó muchos programas y proyectos a punto de ejecutarse, como suele ocurrir cuando hay un cambio de poder. Pero la erradicación del botellón, que muchos creían imposible o, por lo menos, contraproducente, es una decisión tomada por la alcaldesa a raíz de las quejas constantes que otros gobiernos municipales habían decidido ignorar.

A pesar de los daños que producían en los emblemáticos jardines los jóvenes ebrios, o del coste extra que suponía para las arcas municipales el mantener un dispositivo de limpieza exclusivo para el botellón en las mañanas de los viernes y los domingos, ningún otro Gobierno municipal había querido alterar la situación. Por lo menos, allí no hay vecinos que molestar, como los había en la plaza del Humor. Se temía que si los jóvenes eran expulsados de allí, se instalaran en cualquier otro lugar donde impidieran dormir a los residentes, y estos acabaran protestando frente al palacio municipal.

2.000 jóvenes
se reunían cada fin de semana en los jardines de Méndez Núñez, aunque en fin de curso o en Halloween la asistencia se disparaba 

Sin multas

Pero los hechos han demostrado que no era así. No se ha formado ningún otro botellón multitudinario en ninguna parte de la ciudad, aunque la Policía Local ha tenido que espantar aquí y allá a algún grupo de jóvenes, nunca mayor de diez miembros, cuando se instalaban en un lugar público para beber, pero nada más. Y cuando la Policía Local aparece, los bebedores no protestan. Simplemente recogen sus vasos y botellas y se van. El resultado es que, en todo este mes, los agentes municipales no han tenido que sancionar a ningún infractor.

Los mismos policías reconocen sentirse sorprendidos de lo fácil que ha resultado eliminar el botellón. Sobre todo, comparándolo con otras experiencias, como la de Madrid, o la más cercana Santiago. En esta última,  a pesar de ser una ciudad universitaria por excelencia, se consiguió eliminar la fiesta en la calle, pero solo tras docenas de multas a los recalcitrantes.

200.000 euros
en pérdidas es lo que calcula el Ayuntamiento que suponía para sus arcas las celebración del botellón, por los daños y la suciedad

Por el momento, se seguirá manteniendo la vigilancia en Méndez Núñez, Y lo que es más importante, las patrullas seguirán al acecho de cualquier joven al que sorprendan por la calle cargando con botellas. No se puede multar por beber en la calle pero la mayoría de los jóvenes lo ignoran, así que el miedo a la multa es el factor disuasorio que garantiza el descanso vecinal.

El botellón se da por acabado menos de un mes después de que se prohibiera en Méndez Núñez