Reportaje | Los secretos de una joya de 7,7 por 3,5 metros de ancho

La exposición se puede ver hasta el 20 de junio | quintana
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Tenía 56 años cuando se lo encargaron. La condición única del cuadro es que nacería como embajador del país en la Exposición Universal de París de 1937. En esos momentos, Picasso ya pasara la etapa azul y la rosa y ya había colocado a unas señoritas de cara angulosa en Avignon y en un lienzo que hoy es de los más cotizados. Así que respondió al encargo del gobierno republicano con un grito y el horror se hizo pintura en blanco y negro porque primero pensó en darle color, pero había que desnudar al vacío más aún y prescindió de la paleta.
El “Guernica” es ahora motivo de una muestra itinerante en los jardines de Méndez Núñez “Picasso. El viaje del Guernica”, de la obra social La Caixa, que concentra todo en una carpa donde disecciona la pieza. Se va hasta la intención del artista y a las curiosidades que la rodean y el curioso se hace con datos como que mide 7,7 por 3,5 metros porque así medía el muro del taller del malagueño. Tuvo un amplio periplo que le dejó heridas de guerra, tanto que no se volvió a mover desde que aterrizó en Madrid. De hecho para el último traslado se derribó una pared. No se podía enrollar más.

La muestra cuenta que Picasso de detuvo en el bombardeo de esta localidad vasca por el impacto causado en una población que estaba haciendo la compra en el mercado. Fue haciéndolo por separado y la Segunda República emitió un cheque de 150.000 francos a Picasso para que se pusiera a trabajar. Se desconoce si lo cobró o no, pero este fue clave a la hora de devolver la pieza a España porque el MoMA y Nueva York se resistían a despedirse de la joya. Pasó que una vez muerto Picasso en 1973 y a los dos años Franco, el país empezó a mover su regreso. Lo reclamó por activa y por pasiva y con este documento justificó que habían pagado y por tanto que les pertenecía.
No había vuelta atrás y el Guernica cogió un boeing 747. Precisamente, una parte de ese avión se expone en la actualidad en el Muncyt. La exposición lo recoge íntegro en una instantánea del momento en que tomó tierra con una reportera de la tele en la pista informando en directo.


De esta forma, se cumplió el deseo del artista que lo quiso fuera hasta que la situación política no cambiase. Y es que cuenta la iniciativa que su carné del Partido Comunista le supuso la imposibilidad de conseguir visados y también un expediente del FBI por si además de hacer genialidades era espía para los rusos.


De París a MoMA y de ahí a distintas ciudades estadounidenses o Sao Paulo, en un módulo que recorre punto por punto el viaje del Guernica y recrea la puesta en escena donde se le exigía al que anhelaba verlo una entrada de cinco o diez dólares. La obra maestra también tuvo patrocinadores. Intelectuales como Hemingway o Virginia Woolf aportaron fondos para la causa y la mirada del norteamericano se quedó perpleja ante una maravilla que se disfrutó en el Palazzo Reale de Milán, bombardeado igual que Guernica y ante supervivientes de la segunda Guerra Mundial, que no vieron forma tan fiel de representar el miedo y el silencio como esa. Pasó parte de su vida al aire libre, se montó y se desmontó y en su periplo no dejó indiferente a nadie. Uno de los más entusiasmados fue Alfred H. Bar, el primer director del MoMA. Lo quiso comprar, pero no pudo.


A pesar de su naturaleza ambigua, todos ven cosas en el Guernica. Señalan desde La Caixa que el propio Picasso puso la duda en todas sus referencias al cuadro. Solo habló tres veces de su creación. Primero aseguró que el toro era el pueblo español y el caballo, el fascismo. Después fue el equino el que representaba a la sociedad. El astado era, por su parte, un símbolo de la brutalidad que cambió en la última referencia para sentenciar que, en realidad, el toro era él. El alcalde destacó la sensibilidad del genio recogida en paneles, pero también el conflicto y la dictadura. Hasta el 20 de junio, los visitantes pueden conocer los contenidos solos o en visitas guiadas, a las 19.00 horas.

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