Reportaje | La Jove invita a los coruñeses a mirar con las manos para tener otra lectura del arte

Los visitantes pueden tocar a ciegas las réplicas de varios cuadros de la colección de la entidad / QUINTANA
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A veces es el contexto el que pone y dispone a cada uno y a sus capacidades en el lugar que le corresponde. No porque una persona sufra algún tipo de diversidad funcional está menos capacitada que otra que no tenga que luchar con ella a diario porque lo que se entienden como discapacidades en un determinado campo acaban por desarrollar megacapacidades en otros. De repente las circunstancias dan un giro y las diferencias se pone del revés y sino basta con preguntárselo a aquellas personas que ya han tenido la oportunidad de visitar la exposición “Mirar con tacto. Arte Sensorial”. La Fundación María José Jove está detrás de esta muestra abierta en la sala de exposiciones Salvador de Madariaga para enseñar a cualquier ciudadano a entender el arte desde otro punto de vista. 
Con la ayuda de la Obra Social La Caixa, la Fundación María José Jove dio relieve a varias de las obras de su colección a través de réplicas y, gracias a ello, hasta el próximo día 18 estas se podrán observar con las manos en la sala municipal de Durán Loriga. 
Estos días (de lunes a domingo de 12.00 a 14.00 horas y de 18.00 a 21.00 horas), previa reserva, Silvia y Ana reciben a los visitantes con las piezas “Vista de pésame” de Darío Regoyos; “Queens of London” de Carlos Alcolea; “Interior con Julia” de Ramón Casas y “Madonna con rosa mística” de Dalí, que en este caso viajó desde A Grela al centro acompañada de su espectacular original. 

Prohibido no tocar
En este museo temporal la prohibición de tocar solo vale para el cuadro real de Dalí, porque las cuatro réplicas así como las esculturas “El abrazo” de Juan Genovés y “Dama del sombrero” de Cristino Mallo están dispuestas a la caricia. No queda más remedio porque esa es la clave de la muestra: ver con las manos para discernir, solo un ápice, cómo se enfrentan al día a día las personas ciegas.  
En la teoría las piezas tienen diferentes “planteamientos estéticos que permiten que las personas con discapacidad visual puedan conocer diferentes lenguajes plásticos”. En la práctica el relieve permite hacer una lectura de cada cuadro que de otra manera no sería posible y esto se acompaña de un audio y de las asesoras. 
La muestra va dirigida tanto a personas con diversidad funcional como para los niños y los adultos, pero a estos últimos se les colocan antifaces y caminan dirigidos por Silvia y Ana descubriendo distintos suelos y aprendiendo a hacer una lectura muy distinta del arte a la cotidiana. “A la gente le genera mucho respeto e inquietud”, cuenta sobre esta experiencia Patricia Amil responsable del Área de Didáctica de Arte de la Fundación, que colabora en este proyecto con la directora de la Colección de Arte, Susana González. 
Es precisamente ese punto, sin llegar a permitir que el público se agobie, el que les hace cambiar sus referencias y empatizar mucho más con las personas que sufren ceguera. Este paso se puede dar durante todo el año visitando la colección en la sede de A Grela, pero antes de que las visitas se marchen a casa, las guías les proponen una serie de talleres que les demuestran que a veces son las personas con discapacidad las que tienen más desarrollados el resto de sentidos. 

Imágenes especulares
Una de las ideas es reconvertir alguno de los cuadros con elementos decorativos magnéticos, pero las mayores curiosidades se descubren cuando toca escribir en braille dentro de unas plantillas divididas como si fueran minifichas de dominó. En este momento hay que empezar a escribir por el lado contrario al habitual y leer como siempre, pero con los dedos, porque las imágenes son especulares aunque casi nadie distingue nada con las yemas de los dedos. 
También se pinta sobre unos dibujos con relieve y aquí las personas ciegas demuestran que “tienen una percepción de los bordes y del espacio” mucho mayor a la habitual. l

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