Sin reacción y en barrena

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El Deportivo perdió su tercer partido consecutivo. Y es noticia. Tres derrotas seguidas no se contemplaban en un equipo que presentaba unas credenciales impecables, que podía perder o empatar, pero con una imagen más contundente. Ayer falló, de nuevo, casi todo. Fue Lucas Pérez el único que aportó un poco de luz a un oscuro equipo.
Pletikosa mostró que su inactividad estaba superada con la primera intervención del encuentro, a los dos minutos, a disparo de Aduriz. Sacó la pelota con la pierna en una parada de balonmano. Era un aviso de lo que se le veía encima al Depor. Una carga bilbaína. Un monólogo de los vascos. Tras un disparo de Fayçal a los nueve minutos, dos jugadas después, en el 12, llegaba el 1-0. Muniain batía a Pletikosa superado tras de un fallo en cadena de la zaga. 
El equipo coruñés, lejos de responder atacando, se encontró con más acciones ofensivas locales. En el 28 era Muniain el que disponía de una nueva oportunidad para batir al meta del Depor, en el 32 era Aduriz el que gozaba de otra opción para anotar. En el 35, el delantero no perdonaba y ponía el 2-0, también a placer, después de una jugada por la banda derecha, el costado más explotado por los de Valverde.
Víctor realizó cambios obligados en el descanso para parar la hemorragia. Dio entrada a Fede Cartabia y a Juanfran y el equipo pareció despertar. En el 50, Lucas Pérez consiguió hacerse con el balón en un mal despeje vasco y se inventó la jugada del gol herculino. Se fue al lateral del área, Iraizoz salió a por la pelota, el coruñés habilitó a Oriol Riera y el delantero marcó a puerta vacía. El 2-1 metía al Deportivo en el partido pero fue un espejismo.
Casi en la siguiente jugada Aduriz marcaba el 3-1. Navarro no conseguía frenar la llegada por un lateral del área de Susaeta, este centraba y, de nuevo Aduriz, ponía distancia en el marcador, una lejanía que era muy evidente en el juego de ambos equipos.
El delantero bilbaíno completó su noche de gloria con el tercer tanto en su cuenta particular a los 60 minutos. Este gol refleja lo que fue el partido. Un balón despejado verticalmente por Arribas, al cielo del área, caía en las botas del delantero vasco ante la mirada y anuencia de la zaga deportivista. Levantó su pierna y el resto ya se sabe. Gol. 4-1 y sentencia absoluta a la hora de encuentro.
El Deportivo no dio para mucho más. Solo Lucas Pérez intentó una y otra vez crear peligro. La lentitud en el juego coruñés contrastaba con la velocidad local. Los balones divididos casi siempre eran para el Athletic, las segundas jugadas, al 90%.
El choque se fue diluyendo como empezó, sin apenas apuros para los rojiblancos. Un disparo de Oriol Riera en el 65 fue el único bagaje antes de los minutos finales para los de Sánchez del Amo. El Deportivo siguió, no obstante, intentando controlar sus males, pero con cierto caos; desorden.
El Athletic hizo sus cambios para cerrar el partido de manera definitiva y tomó oxígeno con la entrada de Sabin Merino y Balenciaga. El primero dispuso de una ocasión en el 81 y Susaeta en el 84. El repertorio del Athletic finalizó y solio quedó tiempo para un disparo tímido de Mosquera en el 89 y otro de Fayçal en el 91. El final del partido casi fue una alegría para el deportivismo, ‘quemado’ por el mal juego y la mala imagen casi más que por el resultado.
La racha negativa se acentúa con la tercera derrota seguida y, ahora sí, urge ganar de una vez porque es la única forma de salir de esta caída en barrena. Las sensaciones no son las de hace dos meses y para revertir una situación así no basta la imagen, son necesarios los tres puntos. El partido ante el Málaga del sábado en Riazor se convierte en una verdadera prueba de fuego. Un punto de inflexión.

Sin reacción y en barrena